05 de agosto de 2009
Extraído del blog Se Busca Cholo por Chuto
Además del sexo, la información y la moda, el dolor humano es, quizás, uno de los pilares más emblemáticos en el que se regodea nuestro generoso mundo comercial. El dolor, el morbo, el enlodamiento emocional es lo que vende. Y más aún si se escoge entre el tsunami de tristezas aquella producida por el amor. Históricamente ha sido siempre así, claro, y la literatura de todas las épocas así lo comprueba, pero a diferencia de antes, el lagrimeo crónico es hoy un mercado del consumo, y no sólo una expresión artística.
La música y sus canales de producción y reproducción encontraron parasitariamente en el Pop Occidental y en la Balada Romántica Hispana sus Wawawasis del Dolor perfectos para recrearse por todas la vías auditivas posibles. Luis Miguel, Lucerito, Ana Gabriel, Daniela Romo, Ricky Martin, Reik, Sin Bandera, Arjona, Alejandro Sanz y sus símiles han recorrido los 80s, 90s y 00s con su fusilante desparpajo de letras autoflageladoras que inspiran a los dolidos en el amor, a empinar el codo, a huir del país, a renunciar al trabajo o aventarse por los puentes. Uf. Si hiciéramos un balance de canciones que cantan a la perdición frente a los que cantan al amor eterno, los primeros -ciertamente- aventajarían a los últimos. La alegría, pues cholegas, no vende igual.
Pero, ¿es posible desafiar musicalmente al mercado de dolor de esta choledad? Dina Paúcar y Sonia Morales nos cantan con nuestro folclor a un hermoso y cadencioso discurso de la tristeza que arrastra inmediatamente a sonreír pero también a llorar por el maldito amor perdido.
Sin embargo, hay quienes se enfrentan actualmente al mercado del dolor, y con total descaro elegante: nuestras voces de la cumbia.
“pero vas a volverme a buscar / y te advierto que voy a vengarme / Vas a besar el suelo por Dios te lo juro / vendras a perdirme perdon y no dudo que mendigaras por un beso de mis labios / Se que voy a gozar cuando vengas llorando / me voy a burlar de ti al verte arrastrando / te arrepentirás de haberme conocido / porque hoy me declaro tu peor enemigo /Y lo que te mereces por abandonarme es que al volver te mande a / llorar a otra parte“
“Hasta aqui tu nomas llegaste / no quiero saber mas de ti / arranca nomás cholito / vete de mi lado te doy yo 30 segundos / para que sacas tus chivas / arranca nomás cholito / si no te saco la conciencia sucia”
Estos hombrecitos enternados y cholas bien power (Grupo 5, los Hermanos Yaipén, los Caribeños de Guadalupe, y también lo hacía Armonía 10, Rossy War, Marisol, etc.) no le cantan al bobo afligido, cholegas, no. No tienen que buscar la dignidad en los escombros de la derrota amorosa, sino que la izan cual bandera de Leysi y se la restriegan en la cara a la tristeza, no se permiten sucumbir, y eso es un lujo inspirador para una choledad donde sufre, peruano, sufre se estaba convirtiendo en una consigna de resignación nacional. La cumbia está gritándonos en la oreja que Tongo se equivocó.
“Ojalá que te mueras / Que tu alma se vaya al infierno / Y que se haga eterno tu llanto / Ojala pagues caro el haberme engañado / Aun queriendote tanto / Que todo tu mundo se quede vacio / Ojala que cada gota de llanto / Te queme hasta el alma / Ojala que no encuentres la calma / Ojalá que te mueras”
Claro, esta suerte de resiliciencia reloaded se les va de la mano ida y vuelta ya que el escudo emocional que proyectan los convierte en unos descarados monumentales que no dudan en cantarle a la trampa para que no destruya su familia o meterse con la novia del mejor amigo. El precio de la sobre-dignidad los convierte, muchas veces, en ahorradores de dolor propio pero productores de dolor ajeno.
“amor pirata / y olvidaré, es un pecado mortal / que a la mujer de un amigo se debe respetar / Amor pirata / amor de contrabando / amor ilegal / amor de unas horas / que todo devora / en un cuarto de hotel”
“esto no puede dañarte / ni puede arruinar mi hogar / por eso olvídame tú / adiós amor“
Lo que no signifca que la cumbia no le cante al amor (Motor y motivo, Me enamoré de ti y qué, el embrujo). Pero el giro es realmente abrumador: cuando se ama, se ama bien. Cuando se pierde un amor, no se permite sufrir sin salvar la dignidad. A fin de cuentas, en el dolor, hermanos, así que ni siquiera sería posible sufrir solo o que “Levante la mano quien no lloró un amor“.
“Ahora me rio de ti / Tendria que llorar por ti / Pero no ve estoy riendo de ti”
“Y hoy te vas, te vas, te vas, te vas / Pero se que por algo me has de recordar / Quizás con el, me has de comparar / No creo ser mejor, fui diferente nada más”
Cholegas, ¿no es increíble cuánto nos dice nuestra choledad musical sobre la manera como vivimos el triunfo y la derrota? La cumbia nos está diciendo más cosas que las que cantamos y bailamos hasta las 6 de la mañana.







