La República

Abelardo Gutiérrez está por estos días en el pico más elevado de su popularidad. Es la imagen de una campaña publicitaria de Telefónica, gana miles de dólares por concierto y ahora sueña con tener un programa propio en la tele. Tongo cae bien en cualquier lugar de Lima, popular o elitista. La gente se ríe de él y con él, y tiene la correa lo suficientemente ancha para torear las bromas. Carismático y figuretti, aunque este último término no le guste mucho, se ha convertido en uno de los personajes más populares de la farándula local.
Por Nilton Torres V.
Fotos Claudia Alva
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“Lo que yo hago es la auténtica chicha. Con algunos toques modernos, letras contemporáneas, pero en esencia es la chicha, la verdadera”, dice Tongo con esa personalidad que lo ha convertido es un ícono de la cultura popular peruana.
Y Tongo lo sabe.
Él es consciente de que ha logrado calar en la gente no sólo por sus composiciones simplonas pero pegajosas, sino por esa pulida inocencia de la que hace gala. “Yo me hago el tonto. Cuando estoy con Bayly, él hace bromas, y yo dejo que se ría de mí. Pero me hago, no soy cojudo”, dice con esa sapiencia del que se ha desahuevado en la capital.
El cholo Tongo, aquel de la coleta de caballo y cabello iluminado con rayitos castaños, se ha convertido en imagen de Telefónica del Perú –para la telefonía pública–, sus bonos han subido y si antaño el bolo por presentación, con grupo incluido, alcanzaba apenas los 1,500 soles, hoy –según entendidos de la música popular– este llega a los tres mil dólares. Tongo no niega ni confirma este trascendido, y lo único que dice al respecto es que todo lo que ha logrado es fruto de su perseverancia.
“He llorado lágrimas de sangre para llegar a donde he llegado, y te juro, hermanito, que la popularidad no me ha mareado. ¿La clave del éxito? Trabajar, creer en Dios, estar con una sola mujer y compartir con los hijos todo lo que se gana”, dice Tongo, quien tiene una historia de vida que cumple con todos los requisitos de algunas de sus composiciones, en las que el niño pobre y sufrido se hace hombre y empieza a alcanzar sus sueños.
Sufre, Tongo, sufre…

“Cuando nací mi padre no me quiso firmar. Mi madre tuvo que meterlo preso para que me firme, pero luego de hacerlo desapareció”. Doña Florencia Alanya, con su hijo en brazos, vendía helados en la puerta del Cine Real de Huancayo.
Tongo está por todos lados. Basta con mirar cualquier cabina de telefóno público para toparse con la rolliza estampa de este cantante de chicha que, luciendo brillantes y coloridos ternos, aparece haciendo muecas que acentúan su desenfado. Así es Abelardo Gutiérrez Alanya, un huancaíno de 47 años recién cumplidos que hace 28 se dedica a cantarle al pueblo con esa voz de serrano plañidero que caracteriza su estilo musical.Allí conoció a un nuevo hombre, Zenón Maldonado, quien recorría la ciudad ofreciendo fotos de Miguel Aceves Mejía, Javier Solís y Pedro Infante. ¿Una premonición? Tongo se confiesa admirador de estos íconos de la música mexicana y dice que siempre soñó en ser como ellos algún día.
Con Abelardo de un año, emigraron a la capital y aquí se instalaron en las faldas del cerro San Cosme, en el corazón de La Victoria, donde vive hasta el día de hoy. Estudió la primaria en el colegio Jesús Obrero y allí fue sacristán de la capilla y miembro del coro. “Al costado de mi colegio, en la calle Bolívar, vivía Chacalón, allí lo conocí”, dice el cantante.
Tongo, como buen hijo único, ayudaba a su madre a vender verduras en el mercado, y también fue canillita y lustrabotas. La secundaria la hizo en el colegio Pedro A. Labarthe, y, como ya ha contado en muchas ocasiones, fue allí donde se gestó su éxito “La Pituca”. Pero antes de llegar a esa canción, Tongo compuso muchas otras.
“Siempre me gustó cantar y escribir canciones. Lo hacía de oído porque no estudié música”. Y si bien eran las rancheras y las canciones de Leo Dan las que lo hacían soñar con convertirse en cantante, su estilo difería mucho del de sus maestros. Lo suyo era ese huayno transformado por la migración, la chicha.
La primera grabación que hizo fue con el grupo Kiwishow. “No seas mala”, fue la primera canción –grabada en Infopesa– que compuso e interpretó en 1979, cuando tenía 18 años. “Era un disco de 45. Una canción ahuaynada, era chicha y antes de que aparecieran Los Shapis, el grupo Alegría. Lo tocaban en Radio La Crónica, Moderna, Unión. Fue un golazo”, dice Tongo con ese triunfalismo tan propio de él.
Y dice más: “Todo el mundo se preguntaba quién era ese serrano borracho que cantaba tan bien”. Y ese era el estilo que Tongo estaba perfilando, el lacrimógeno, del que sufre y ahoga sus penas en un vaso de cerveza. Cambia de grupo y llega a Los Galax de San Juan de Miraflores, y en 1981 funda su propia agrupación: Imaginación. Allí empezó su periplo como director y cantante, y aparecieron sus otros éxitos: “Falsedad”, “De cantina en cantina”, “Navidad de un preso”, “Tu retrato”, “Me cansé de esperarte”, “Sueño de amor”, “Triste huerfanito”.
“Todas mis canciones eran éxitos antes de que la chicha se ponga de moda”, dice Tongo, que en esos años formaba parte del montón de intérpretes de la cumbia andina que intentaban hacerse un sitio en la capital.
A finales de los noventa el voluminoso cantante empezó a hacerse notar entre las masas.
Caída y retorno
El evento fue un fracaso y el cantante fue acusado de haber lucrado con el dolor ajeno. En su defensa Tongo argumentó que lo recaudado apenas alcanzó para pagar los costos del fallido concierto. El Ministerio Público abrió una investigacion de oficio y por consiguiente los contratos dejaron de llegar.
“Durante dos años dejé de cantar y como había que alimentar a la familia, salí con mi esposa a vender mis discos a la calle. Alguna gente de la farándula me veía y se reía de mí, pero yo vendía mi música y pude seguir vigente”. Cuando el Ministerio Público determinó que no tenía ninguna responsabilidad,
Tongo retomó su carrera y poco a poco volvió a ganar terreno, y no fue hasta el verano del 2006, con su pituca en ristre, que llegó a las playas del sur y luego, cuando graba su popularísima versión en inglés, llega al YouTube, se convierte en el caserito del programa de Jaime Bayly, y las discotecas de Larcomar y Asia le abren sus puertas.
“Es un triunfo haber llegado a esas discotecas. De entre todos los chicheros soy el único que ha cantado en lugares pitucos, en casa de ministros, de gente de mucho dinero”, dice Tongo.
En julio de este año viajó a los Estados Unidos para presentarse ante 20 mil personas en New Jersey, y hace unas semanas estuvo presente en el “Festival Mundial de la Cumbia”, donde compartió cartel con Lizandro Mesa y Los Ángeles de Charly de México. Algunos medios informaron que Tongo fue abucheado, y él jura y rejura que no es verdad.
Pero también jura que jamás ha hecho payasadas para ser popular, y menos se considera un figuretti capaz de hacer cualquier cosa con tal de hacer noticia. “A mí me llaman. Siempre he ido invitado a los programas de televisión, porque cuando yo salgo en pantalla la gente se pega”, dice con poca modestia y cuando se da cuenta, Tongo advierte que no es que se crea lo máximo, sino que esa es la verdad. “Es mi carisma lo que hace que le guste a la gente”. Y basta verlo en la calle para que lo dicho se confirme. Le pasan la voz, se toman fotos con él y le piden autógrafos.
Tongo para rato
En la arenita estoy solito pensando en tu amor, en la arenita estoy, y las olas me despiertan… ensaya Tongo. “Aún estoy trabajando en las letras y en la música”, dice.
Hasta diciembre Tongo tiene contrato con la Telefónica y, por ello, dice, debe ser mesurado en sus declaraciones y presentaciones, lo que de alguna forma lo puede estar preparando para el cumplimiento de su próxima gran meta, un programa propio.
Un espacio que sirva para mostrar su faceta de showman, ya adelantada en sus performances televisivas, y que sirva para descubrir nuevos talentos de la música, la comicidad y el vedetismo.
“Ojalá se anime algún productor, algún canal, a darme la oportunidad. Sería un golazo. No hay pierde”, dice el cantante, quien aspira a convertirse en una especie de Don Francisco o quizá en el nuevo Augusto Ferrando de la televisión peruana.
“Yo veo a otros artistas que hacen programas y no tienen carisma. Yo sé que haría un programa bueno”, y eso que llama carisma es el potencial que este robusto huancaíno esgrime como currículum. Y es que Tongo tal vez no les caiga bien a todos, pero sí a aquellos que, como él, llegaron a la gran ciudad con la esperanza de conquistarla, y él lo está logrando.
25 años juntos
Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; y en el caso de Tongo, Gladys Lupinta, su compañera, manageer y madre de sus hijos, es esa mujer que lo acompaña en todo momento. Se conocieron cuando Tongo conducía un programa de radio “El super show de Tongo” y convocó a un concurso para ver quién interpretaba mejor una de sus canciones, “de cantina en cantina”. Gladys llamó, cantó y ganó. Tongo la invitó a formar parte del grupo Imaginación y allí se enamoraron. Fruto de ese amor son los siete hijos que tienen: María Luisa, Fiorella Linda, Brenda Gladys, Abelardo Alexander, Madeleine Lisette, Cinthia Estrella y Jesús. “Mucho me preguntan qué hago con el dinero que gano, pues todo es para mis hijos.
Unos están en la universidad y otros terminando el colegio. Quiero que ellos estudien y sean más que yo”, dice Tongo, quien asegura no solo ser un padre feliz, sino un esposo afortunado. “Me saqué la lotería con mi mujer”, afirma.
Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y en el caso de Tongo, Gladys Lupinta, su compañera, manager y madre de sus hijos, es esa mujer que lo acompaña en todo momento. Se conocieron cuando Tongo conducía un programa de radio “El súper show de Tongo”, y convocó a un concurso para ver quién interpretaba mejor una de sus canciones, “De cantina en cantina”. Gladys llamó, cantó y ganó.
A pesar de que la diabetes emocional que padece a veces le juega malas pasadas, Tongo continúa en la brega y anuncia que está trabajando en sus próximos nuevos hits del verano 2009. “Sorry”, una canción que cuenta la historia un chico que no sabe cómo deshacerse de una chiquilla que lo persigue y que a él no le gusta, y “La arenita”.
Los programas de cumbia lo invitaban a cantar “La pituca”, y era un abonado de los desaparecidos talk shows, pero Tongo quería más. Viajó a la Argentina y de regreso compuso aquel himno del migrante llamado “Sufre, peruano, sufre”. Pero la noche le llegó a Tongo cuando luego de la tragedia de Mesa Redonda – diciembre del 2001–, el voluntarioso chichero decidió organizar un concierto a beneficio de los familiares de los fallecidos.