El poder de los sueños

Extraído de La República

Dom, 13/06/2010

Por Jorge Bruce

En la edición del sábado 12 de junio del diario El Comercio se publica un anuncio publicitario de tres cuartos de página, promoviendo un nuevo modelo Honda. El anuncio de marras dice, textualmente: “Un policía detrás de una camioneta: te está deteniendo. Detrás de una Pilot Touring: te está escoltando.” Y en la imagen se ve la mitad delantera de una moto policial, tras el vehículo aludido. Al pie de página, el mensaje añade: “Nueva Pilot Touring 2011. Te hace sentir más.” Al final explica: “Solo basta mirarla para sentir su poder”.

Lo que yo sentí es lo desfasados que se encuentran muchos publicistas de nuestro medio (no figura la agencia responsable del anuncio). Porque, ¿qué se puede inferir de esa comunicación? Para comenzar, que los policías peruanos o te persiguen o te escoltan. Vale decir, depende de quién seas. Es como el viejo chiste racista que pregunta la diferencia entre un cholo o un negro que corre, y un blanco que hace lo mismo. Los dos primeros son choros mientras que el segundo hace jogging. En inglés, por supuesto, tal como figura en el anuncio: Honda, The Power of Dreams, que da título, traducido, a esta nota. Podría argumentarse que es un eslogan internacional de la marca, que debe figurar por contrato en inglés. El problema es que en el mismo recuadro se invita a los potenciales consumidores a solicitar un ‘test drive’ (prueba de manejo).

Por donde se le mire, estamos ante un despliegue de alienación saturada de inconsciencia y autosatisfacción. Lo interesante es el retrato del imaginario dominante en ciertos sectores socioeconómicos, para los cuales la policía es su personal de servicio, aunque después se llenen la boca diciendo protegerlos de la arremetida de los enemigos del uniforme, que no son tanto los terroristas o los narcos como los defensores de los derechos humanos. Y para quienes el inglés es un idioma de prestigio y poderío, mientras que el español es el de los subordinados que manejan las motos.

Esta representación del poder –encarnado en una potente 4 x 4– va mucho más allá de un banal reclamo publicitario, y no se resuelve aludiendo al supuesto humor del mensaje o a una pretendida visión aspiracional. Lo que se refuerza es la imagen de una colectividad en donde el que puede, puede: para los demás está la ley. Cierto, esto es lo que ocurre en la práctica. La pregunta “¿sabes con quién estás hablando?” no ha perdido su vigencia, aunque no tenga la contundencia de antaño, en donde el encumbrado propietario amenazaba al “efectivo” con llamar a un general y mandarlo a Puno. Hoy tiene que coimearlo.

Por eso resulta relevante develar este imaginario incompatible con una democracia moderna. Necesitamos una policía respetable, no desmoralizada y corrupta: esa reforma clama por una voluntad política que no asoma. Pero también unas elites responsables y con un proyecto de sociedad que vea más allá de las montañas de billetes. Por último, Honda –tuve uno de segunda mano durante años y guardo un excelente recuerdo– requiere una publicidad más creativa e inclusiva, acorde con estos tiempos, y con más amor por la lengua de Antonio Cisneros, el reciente premio Pablo Neruda.

Las aguas calientes

Dom, 31/01/2010
La República
Por Eloy Jáuregui

Hace unos días por estos pagos celebraban “La Semana del Chilcano” –trago de abolengo y solera limeña, piscos y borracheras– y supongo que la ‘cuchipanda’ duró más de 7 días. El 5 de febrero está decretado festejar “El Día del Pisco Sour”, cóctel amanerado que suele tomarse para abrir los esfínteres más fieros antes de que el bolo alimenticio penetre el virginal ‘tonjore’ gracias al huevo y el limón. Acabo de leer que en esa fecha, Ocrospoma, alcalde del distrito de Jesús María, ya decretó “El día del Cebi-Pisco”. El aquelarre se realizará en el Parque de Los Próceres y sale con retreta, lisonja y francachela.

No estoy en contra de la juerga. Es lo mío. Pero párenla ya. El otro día preguntaba en mi Facebook cuándo celebramos el “día de la caca peruana” y me dijeron de marica para abajo. No es dable. Reclamaba que en mi país, donde dramáticamente este gobierno no puede detener el crecimiento de la extrema pobreza, el asunto no está para jaleos y jaranas. Advierto que es una paradoja que en el Perú, que tiene niveles de miseria muy cercanos a los de Haití, la comida peruana vive desde un tiempo en el “boom de una cocina superlativa”. No quiero recordar que un grupo de ayayeros propuso al atosigante Gastón Acurio –lo veo hasta en la sopa– a ser candidato presidencial como el estólido de Jaime Bayly. No, señora, no se preocupe. No quiero ser aguafiestas ni estoy en contra de la política del señor Martín Pérez del Mincetur. No, él tiene su negocio.

Pero la “Marca Perú” de la señora Aráoz suena más bamba que el “Perú avanza” y como dirían en la combi: “avanza pa’ atrás”. Lo ocurrido en el Cusco con los 2,000 turistas es una vergüenza. En CNN, esta semana, saltaban de la tragedia de Haití a la de Machu Picchu. Y aquí, América Noticias no salía del tema Abencia Meza. Y así como el digitalizado paladín de la PCM, Velásquez Quesquén, salió en la foto entregando una Kola Real al presidente de Haití, el presidente del Congreso, Alva Castro, quiso ser solidario y por un pelo no se embarcó a Puerto Príncipe para el respectivo figuretismo obsceno. Qué pasó. Lo mismo de siempre. Mucha farra y falta de previsión, escasa reacción y alucinante torpeza, hija natural de una soberbia diseñada por el líder del partido de gobierno.

La cultura de la previsión, dicen por ahí. Yo observo la continuidad de los conflictos sociales y la chilla generalizada sin interlocutores. Ese libre mercado contra los recursos naturales, los derechos comunales y regionales versus las concesiones y privatizaciones. Pregunto, qué nos convierte en cebicheros y pisqueros y de dónde, tanta algarabía y batahola.

Sé que hay varios Perús en mi Perú. Que hay emprendedores y nuevos ricos. Pero sé también que Romero, los Brescia y los Galsky siguen siendo los dueños de mi país como decía Carlos Malpica. No envidio a uno que tiene su 4×4, su casa en ‘Eisha’, mira como un bobalicón el “Canal Fem” y lo retratan toneando en la revista Cosas. Lo que me jode es la insensibilidad del ‘alpinchista’ y el ‘quechuchista’. Ese que festeja a Bayly y revende entradas de Metallica. El pendejo, el vivazo. Aviso, Vargas Llosa era fijo en 1990 y la turba asqueada de esa prédica neoliberal lo tumbó y creó un monstruo que hoy felizmente está en la cárcel. Pero cuidado que sale otro. 

“Así son los hombres” o la cumbia feminista en el Perú

July 2, 2008

Por Rocío Silva Santisteban

Extraído de Kolumna Okupa

Uno de los géneros musicales populares más misóginos es sin duda la cumbia. Quizás tanto como el vals, quizás un poco menos que el perreo y el tango. En nuestro país la cumbia ha sido utilizada como fondo musical para expresar todo tipo de temas, pero sobre todo, el tema por antonomasia de este tipo de expresiones: la pérdida de la mujer amada, y el llanto despechado del varón por aquella que lo dejó.

No quisiera adentrarme en más detalles de un tema en el que no soy especialista: no he venido a hablar sobre géneros, ni sobre pormenores vinculados a clasificaciones, en otras palabras, les pido disculpas si confundo vallenato con cumbia, o cumbia peruana con chicha. Lo que me interesa pensar y hacerlo en público sobre todo es en la “vuelta de tuerca” de la cumbia sexista que define a una mujer como traidora.  

Creo que no es necesario dar muchos ejemplos, pero tengo dos que me parecen pertinentes. Quizás uno no sea una cumbia específicamente sino un vallenato, y precisamente se refiere al hecho de que un hombre “escucha de otros tres” que su novia es una traidora: se trata de la versión clásica de todos los tiempos, pero con un humor especial que, de alguna manera ciertamente carnavalesca, aminora el dolor para condensar una nueva forma de desprecio.

Que te perdone yo, que te perdone
como si yo fuera el santo cachón
mira mi cara ve/ yo soy un hombre
y no hay que andar repartiendo perdón

Ajuiciate mama busca el juicio
busca el juicio muchacha ajuiciate
yo me iba a casar contigo
por poco meto la pata /y ahora no puedo ni verte
puedo hacer un disparate…

Se trata del clásico “El santo cachón”. Si bien es cierto que en esta canción la mujer como femme fatal es ridiculizada, el propio “yo poético” del texto no se libra de la parodia al autonominarse como “un santo” al que le hacen “el cachondeo”, esto es, de quien se burlará otra. Por eso se niega a ser “el santo chachón”, no obstante, al sólo mencionar la palabra en el coro ya se permite una mirada traviesa del receptor (como comprenderán en Lima la canción fue decodificada completamente diferente).

Esta guiño traviesa al receptor aleja el melodrama clásico del dolor de hombre traicionado, aunque sin duda se mantiene con fuerza la calificación negativa de la mujer como liviana, frívola, mentirosa y arrogante. Por eso mismo, la suerte final será que él no se case con ella, para librarse de “cometer un disparate”. Entendemos que, si es relación se hubiera formalizado, el hombre tendría el derecho de cometer un asesinato por celos o por lo menos pegarle o suicidarse (dependiendo del nivel del disparate).

En la medida que la letra apelaba al humor, a la sátira, y a lo carnavalesco, el grupo Las chicas del can, le dieron una vuelta de tuerca. No sólo pasó del vallenato al merengue, sino que en lugar de interpretar la canción como suelen hacerlo algunas cantantes mujeres, diciendo exactamente la letra tal cual, pues decidieron “convertirla en una canción para una mujer”, cambiando casi por completo el contenido, pero manteniendo el corito del “santo cachón”, aunque por cierto bastante fuera de contexto, otorgándole de esta manera un significando totalmente antagónico. En realidad la convirtieron en un himno reivindicativo de las mujeres acusadas de infieles.

Con tus mentiras, crees que me engañas
Vas diciendo, que yo te estaba engañando con un señor
No era un señor… no era uno, ni eran dos, eran tres…
Los amigos con los que yo salía a la vez
Dejándote solo en la casa…

Y ahora vienes tú con ese cuento
diciendo que eres el Santo Cachón […]

Y recuerda que yo soy la casa
Y a la casa no la engaña nadie…

Se trata pues de una “nueva versión” utilizando la misma música, el mismo coro, pero diferente ritmo y juegos con un cambio del sentido del texto. Precisamente son Las chicas del Can, las que de alguna manera prefiguran a grupos clásicos de artistas femeninas en el mundo de la cumbia como Agua Bella o Bella Luz o Bella Bella o, una de las ligeramente diferentes, por lo menos por el nombre, Ruth Karina.  Pero mientras las Chicas del Can están merengueando un vallenato, y volteando la letra de una canción misógina, Agua Bella sigue cantando su “Pasito Tum Tum” y Ruth Karina y su grupo Euforia bailando el “Siqui siqui”.  No podía pasar mucho tiempo para que, un grupo de mujeres, empezará a entonar himnos lanzados también para ese nuevo público popular: las mujeres empoderadas.

Es así que aparece primero tímidamente una canción que, antes en la voz de Rocío Durcal, no pasó de ser una ranchera bien entonada y bien intencionada.  Con un coro que decía: “así son los hombres/ todos son iguales” Durcal con un vestido mexicano empieza cantando:

Nada ha sido enserio, todo fue una broma
¡Que bien me engañó!
Yo hubiera metido las manos al fuego
Por su amor…

La canción a pesar de cierta dureza de la historia, la de la mujer engañada, mantiene un tono ingenuo que se recrea en la siguiente estrofa:

Así son los hombres, todos son iguales
Pero que bonito se siente
que a una le guiñe un ojo
y con una guitarra poquito a poco
te coge, te toca y te hace una canción.

Pero ni crean que el “te coge, te toca y te hace una canción” estaba dicho con cierta malicia, para nada, en la voz de Durcal toda era en serio.

Pero ahora analicemos la misma versión, ligeramente cambiada, al estilo de Las Chicas del Can, pero en versión de cumbia peruana y como principal ejecutante a Marina Yafac. Marina funge como la voz de Agua Bella desde el año 1999, convocada por el promotor del grupo, Max Castillo, pero se debe retirar del mismo algunos años más tarde por una de las razones más usuales del desempleo femenino:

Me retiro de la agrupación Agua Bella, después de dos largos y maravillosos años, por decisión propia la cual me causó mucha tristeza; pero a la vez me sentía muy feliz porque dentro de mi estaba creciendo una linda nena la cual la llamé: Leslie Dery, la cual es una de las razones por la que sigo adelante… (Declaraciones de Marina Yafac en Chichaweb.com)

Pocos años más tarde, Marina es convocada por otro productor musical, Jersdon Vidal, con la finalidad de darle un perfil más alto y convertirla en la voz de su propio grupo musical. Es así que surge “Marina Yafac: la voz de la techno cumbia”. A diferencia de Dina Paucar y otras cantantes de música chicha, o de la propia Ruth Karina, Marina Yafac tiene una voz más potente y agresiva, así como un estilo diverso: no es el cuerpo grácil y núbil de las otras bailarinas, ni de las Chicas del Can, ni el cuerpo ligeramente duro de Dina Paucar con sus vestidos folklorizados, sino que se trata de un cuerpo que ha pasado por la gravidez, un cuerpo diferente, que aún se lanza a vestirse como una bailarina, aunque sabe que ya no lo es. Y precisamente para desmarcarla de Agua Bella y su pasito Tum Tum, era imprescindible conseguir otro tipo de “tono” en las letras de su canciones.

Es recién en su tercera producción como solista que Jerson Vidal se atreve a darle un cambio a la imagen de Marina a través de letras más agresivas. Deciden variar la letra de la canción interpretada por Rocío Durcal y alterar ligeramente el coro: en lugar de “así son los hombres/ todos iguales” cambió a “así son los hombre/ son una basura”. Y en esa, al parecer pequeña inflexión, radica su total éxito.

“Basura” es una de las palabras claves, tremendamente fuerte, que se ha puesto de moda entre los jóvenes para hablar de algún traidor, pero también, para referirse a las personas que siendo muy conocidas del interlocutor, han pasado por algún motivo, a ser lo peor. En un foro sobre jerga peruana, uno de los miembros definía así la versión basura en peruano: “cuando dicen: “eres una basura”, se refieren a que es lo peor de lo peor, una malísima persona, una persona que no le importa si hace daño a alguien” (Yahoo respuestas).

Pero, la pregunta sería, ¿decir que “eres una basura” implica una “basurización simbólica” de ese otro? La basurización simbólica es una estrategia muy común en nuestro país y se utiliza para localizar al otro en un “afuera” como precisamente se pone a la basura en una casa: es necesario sacarla del sistema para que el sistema funcione. Este proceso de “basurizar” al otro es una manera de convertirlo en funcional para el sujeto que inicia la acción. En este caso, extrañamente explícito en su aseveración, me parece que el yo de la interpretación no está basurizando simbólicamente al otro. Me explico.

Decir que “los hombres son una basura” al parecer removería ciertos sentimientos comunes y, por lo mismo, esta letanía se convirtió en un gran éxito ante un amplio público, tanto femenino como masculino. El público femenino-con-historia, aunque se trate incluso de adolescentes, se siente identificado con la letra pues a la receptora que se apela en este tipo de canción es a aquella “que ha tenido contacto con algún hombre que le ha hecho daño”. No se trata de jugar con las coqueterías infantiles de los pasitos Tum Tum o los bailes de “siqui-siqui” (culo a culo en quechua) sino de recurrir directamente al sufrimiento de la mujer como capital para poder salir adelante despreciando al causante de los agravios.

En realidad el giro, aunque parezca una versión despechada de la misma cumbia misógina, pero al revés, no se concentra en el llanto por el dolor que nos causa el “malvado-objeto-de-amor” sino en las posibilidades de volverse a reconfigurar luego que este objeto de amor es desprendido y desasido.

Si en la interpretación de Durcal la letra era una meliflua reivindicación del macho y un coquetería de la mujer-autovictimizada —un perverso juego de auto-basurización simbólica— en la versión de Marina Yafac cobra otro matiz en tanto no puede decodificarse sino como una feroz ironía:

Así son los hombres son una basura/ Pero qué bonito se siente / que a una le den un beso
y te dice te quiere poco a poquito / Se mete adentro y se va hasta el fondo /de tu corazón.

No nos encontramos entonces ante un discurso autoritario que pretende liquidar al otro a través de una adjetivo contundente; al revés, es precisamente ese adjetivo contundente, el que permite que el sujeto se reorganice para poder entrar de nuevo, poquito a poco, al retorcido juego de la seducción. El grito “los hombres son una basura” no es un grito de guerra, sino apenas el lamento andino de una hembra que, a través de extrañar maneras, se empodera para regresar al mismo camino mil veces transitado que va hasta el fondo del corazón: esa cosa llamada amor.

Sin embargo, el éxito de este simple “giro verbal basurizador” puso en movimiento a los productores que, se alejaron de la voz elaborada y de las letras totalmente ingenuas de Rocío Durcal, para pasar a la voz más hardcore de la escena mexicana: por supuesto, me refiero a Paquita la del Barrio. Es así que las nuevas canciones de Marina se llama Rata de dos patas (aquí una versión de Paquita) y, aún cuando todo haga augurar que será un éxito, pienso que va a fracasar porque en esta letra si se pone en juego cierto autoritarismo femenino que produce un “fuera del juego total” al varón. Claro, siempre y cuando la cumbia siga jugándose en el todavía húmedo y fangoso campo de la heterosexualidad.

Pero como diría Kevin Johansen, y para terminar,  mejor no “pienses tanto, ¡cumbiera intelectual! Yo voy a rezarle a tu santo/ para que te puedas soltar… Para que seas más normal”. Así que dejaré de pensar un tanto, sólo para dedicarme a bailar.

La ilustración pertenece al extraordinario Christian Bendayán.

EL RACISMO CULTURAL Y LA VIOLENCIA SIMBÓLICA

 
Por Rocío Silva Santisteban 
Extraído de Kolumna Okupa

July 29, 2008

 Foto: Giancarlo Tejeda.

La mayoría de organismos, público o privados, gubernamentales o no, hacen un énfasis en el cambio de leyes para organizar los cambios en las prácticas autoritarias o racistas o discriminadores o auto-excluyentes. Los cambios de orden simbólico son considerados, casi desde una perspectiva althousseriana, que vendrán con el tiempo. Caerán por su propio peso, o algo así. Lo cual es un gran error, porque es necesario primero “hacer conciencia” sobre las formas que tenemos para vincularnos simbólicamente con los demás y entender que la manera de formar una nación democrática e inclusiva será, no sólo tolerando al otro —en este contexto la tolerancia casi se entiende como “aguante”— , sino entendiendo que nosotros no existimos sin el otro. La supervivencia de la especie siempre será comunitaria. Entre todos. Sin el rostro del otro que nos devuelve nuestro propio rostro no podemos ni ser ni existir.

¿Cómo hemos construido la “otredad” en el Perú contemporáneo sino contruyendo alteridades a las que miramos desde dos perspectivas que no ayudan para nada: con desprecio o con asco y miedo?

Es así que, por ejemplo, en el debate sobre lenguas originarias en el Congreso del Perú el año pasado, la discusión entre Martha Hildebrandt y María Sumrire se produjo desde dos jerarquías organizadas de manera sustancialmente diferente. Hildebrandt se asume “doctora”, es decir, con conocimiento, pero además, blanca y criolla y le gusta hacer énfasis de su apego al autoritarismo —“me encantan los autócratas” ha comentado hace poco refiriéndose a Alan García y su supuesta mano dura— por eso mismo desprecia en el discurso y los hechos a Sumire, a quien no respeta porque considera que “no tiene el conocimiento”. Pero además porque, como sostiene lúcidamente Virginia Zavala en un artículo publicado en El Comercio, ejerce su dominio aposentada en una supuesta “superioridad cultural”. Se trataría de una especie de “racismo cultural”. 

Este “racismo cultural”, que no está centrado en el color de la piel sino, precisamente, en la lengua de origen o en la formación educativa del otro, es decir, en los “errores” de pronunciación del castellano, quechizándolo, o en los problemas por “ignorar” el conocimiento —cuando no tendrían por qué no ignorarlo— es otra de las maneras para acentuar las jerarquías, sobre todo, en ese espacio construido desde las jerarquías letradas y lingüísticas. Lo que el crítico uruguayo Angel Rama llamó “la ciudad letrada”.

La “ciudad letrada” es un término que introduce el teórico uruguayo Ángel Rama para vincular los espacios de poder político que organizar el imaginario simbólico de un país. Estos espacios muchas veces están vinculados estrechamente con sus clases letradas —abogados, jueces, legisladores, ministros pero también intelectuales y escritores— y donde se producen las leyes y normativas. Hoy en día la “ciudad letrada” se ha desterritorializado y también anida en espacios académicos fuera de América Latina como los centros de investigación y universidades con programas de estudios latinoamericanos en Estados Unidos y Europa, las revistas y diarios en español e inglés, entre otros. Algunos autores más radicales – Jean Franco— consideran que la ciudad letrada está “cayendo” y resurgiendo una ciudad mediática que, a su vez, organiza la idea de nación desde sus planes y perceptivas.

En todo caso recordemos que son las elites quienes manejen los hilos, tanto de la ciudad letrada, como de la nueva ciudad mediática. El dominio se ejerce desde la elites organizando a las grandes mayorías como seres a los cuales se les debe tutelar sino desechar de arranque. Esta manera de pensar, que definitivamente ha tenido uno de sus momentos cúspides en las intervenciones de Martha Hildebrandt o en las de Laura Bozzo, para hablar de la ciudad mediática, se organiza sobre una manera de “relacionarnos” desde discursos autoritarios.

Este tipo de discursos autoritarios se basa en una cultura patriarcal y colonial y opera a través de lo que llamo basurización simbólica, es decir, una forma de organizar al otro como elemento sobrante de un sistema simbólico, en este caso la nación peruana, a partir de conferirle una representación que produce asco. Este asco —que es un sentimiento poderoso y no se le debe naturalizar sino interpretar en la medida de la cultura que lo permite— deviene en una forma de rechazo de la otredad y cohesión de la mismidad a partir de una propuesta de jerarquización de las diferencias.

La basurización consiste en “la puesta en escena de mecanismos de descongestión del centro gracias a un uso estratégico de sus residuos. Estos residuos deben ser comprendidos a un nivel material y discursivo a la vez” (Daniel Castillo, en su ensayo “Culturas excrementicias”). Considero que este proceso no sólo funciona como una manera de crear centros y periferias económicas y sociales sino de re-localizar a las personas dentro de sistemas más amplios que sus comunidades locales (ergo, la comunidad nacional). Por eso adjunto el adjetivo “simbólica” a la primera conceptualización de Castillo. 

Los discursos autoritarios y basurizadores no se limitan a aquellos que manejan los grupos más radicales (subversivos, militares, grupos racistas) sino que son la forma cómo los peruanos han creído y siguen creyendo que funciona la política pública, forma que se condensa en lo que algunos analistas llaman “moral criolla” (Portocarrero), otros “cultura del tutelaje” (Nugent) y otros simplemente “ambigüedad ética”. El análisis de estos discursos, así como de las prácticas excluyentes que los justifican, permitirá aclarar la dimensión simbólica de la violencia supérstite. 

En el caso concreto de Laura Bozzo, por ejemplo, ella se posiciona ante el espectador como una de las “poderosas” de esta ciudad mediática, asumiendo el rol de supra-defensora de las mujeres pobres y de sus hijos, insultando directamente a los “padres desnaturalizados” o a los “maridos machistas”. Esta performance no sólo contribuye a fomentar los estereotipos masculinos y femeninos, sino que inclusive organiza la identidad de las mujeres pobres como seres abyectos que necesitan de ser tutelados. Utilizando una terminología feminista y jurídica, Bozzo estructura su discurso como una defensa de la mujer, sustentándolo superficialmente sobre la base del requerimiento de justicia, pero erigiéndose a sí misma como la representación más alta y solvente de la justicia práctica —más allá de la justicia burocrática— que soluciona los problemas con catarsis de llanto y compasión en cada uno de sus programas. De esta manera las mujeres que asisten a ellos sólo pueden exigir “compasión” y no reivindicaciones concretas perennizando el modelo de ciudadanía y tutelaje en el que se sustenta los estados latinoamericanos desde el siglo XIX.

En el caso de Martha Hildebrandt, como sostiene Zavala, “su discurso y su práctica no revelan una real preocupación por estos cambios en los pueblos indígenas. Al decir con desprecio que nadie sabe lo que es el idioma piro o que hay lenguas en extinción de 500 hablantes “perdidos por ahí”, la Dra Hildebrandt mostró una falta de perspectiva frente a los procesos históricos de racialización de las lenguas en el Perú”. Esto es muy preocupante pues, de alguna manera revela, y sigo parafraseando a Virginia Zavala, que es multiculturalismo se ha vuelto un asunto totalmente decorativo y sirve como un dispositivo de dominación porque no se cuestiona la desigualdad económica.

Asimismo el multiculturalismo desde esta “forma de asumirlo”, como una necesidad políticamente correcta de situarse frente a las instituciones, pero sólo como un engranaje falso que no produce ni destila absolutamente nada, además de marginación, es totalmente peligroso. Este multiculturalismo es el velo que permite ligeros cambios para seguir manteniendo todo como siempre: la desigualdad, la subalternidad, los discursos autoritarios y basurizadores.

LA TETA DEL PERÚ

Por El Búho

Pico TV de Trome

04 de febrero de 2010

Este Búho, después de ver ‘La teta asustada’ en su estreno en Lima, manifestó su entusiasmo. Me quedé sorprendido por el universo construido por una joven cineasta limeña, Claudia Llosa. Ya se advertía ese talento en su sorprendente ópera prima ‘Madeinusa’. Recuerdo haber leído los comentarios obtusos de una crítica seudoizquierdosa, plagada de dogmatismos, que la acusó de ‘racista’ por presentar un caso de incesto en el pueblito serrano donde se escenificaba la trama. ‘Están presentando a los campesinos como salvajes’, fue el argumento que esgrimían los ‘críticos ultras’.

Pero con sorpresa, cuando se presentó ‘La teta asustada’, surgieron otros censores, desde el bando contrario, ametrallando a la galardonada película porque ‘deja a los peruanos como salvajes’. ¿Cuál es, para estos extremistas de izquierda y derecha, el pecado de Claudia Llosa? Primero, ser blanquita, ‘pituca’ o como la llaman. En segundo lugar, tocar temas de sectores marginales que el cine tradicional ha tocado muy poco, sobre todo desde la visión de los de abajo.

En ‘Madeinusa’, el personaje limeño no es el héroe, sino es un accidente en un pueblo que tiene sus secretos, su fervor y también sus pecados. Su trágico final que permite a la protagonista, Magaly Solier, liberarse con una maldad, al punto de instigar un asesinato, demuestra que la novel cineasta no se anduvo con idealismos ni romanticismos, algo tan común cuando los directores de la metrópoli abordan los temas andinos, al punto que caen en el ridículo y desdibujan la imagen real del hombre del ande.

En ‘La teta asustada’, otra vez los hombres de la ciudad llegan a una comunidad campesina, pero no son mochileros, sino militares en busca de Sendero Luminoso. En su guerra involucran a campesinos inocentes y violan a centenares de mujeres y niñas. Tanto impacto tuvo entre las comunidades que se habló de una extraña enfermedad, ‘el mal de la teta asustada’, que transmitían las madres violadas a sus bebitos a la hora de lactar. Un miedo terrible a todo, sobre todo a tener un contacto con un hombre.

Si el guión de este filme lo hubiese escrito Gabriel García Márquez, hoy hablarían de Manchay como el nuevo Macondo, la película arrasaría en taquilla y el libro se vendería en todo el mundo, vía Oveja Negra. Lamentablemente, Claudia Llosa nació en el Perú y su éxito hiere a tanto envidioso. Me quedé corto.Mañana continúo con detalles de la película. Apago el televisor

Este Búho se quedó corto al comentar la extraordinaria noticia que ‘La teta asustada’ fuera seleccionada entre las cinco candidatas al Oscar a ‘Mejor película extranjera’. Lo primero que deberían hacer es programarla nuevamente en los cines, para que la gente asista y logre recuperar más dinero, pues el filme que costó al menos un millón 200 mil dólares, solo recaudó 700 mil en taquilla. Si la ponen ahorita, recuperarían algo y hasta ganarían, y se lo tiene bien merecido.

Pero que el público no espere ver una película nacional tipo ‘Mañana te cuento’, filme versión chola de ‘Despedida  de soltero’ o ‘American pie’, historias de chibolos libidinosos. No por algo la cinta recibe tantos reconocimientos. Claudia Llosa rodó la película en las alturas de Manchay. Una invasión en su mayoría de migrantes ayacuchanos que huyeron del terrorismo y la represión militar. El pueblo entero actúa en la película, sigue las aventuras de ‘Fausta’ (increíble Magaly Solier).

Desde el inicio, el filme golpea el corazón y hace conmover hasta a una piedra. ‘Fausta’ asiste a su madre agonizante, le canta una canción en quechua, recordando que su progenitora fue ultrajada por los militares en Ayacucho y le destrozaron el alma. Ella misma es un alma en pena, al ser contagiada por su madre de ese terrible miedo cuando le daba de lactar: ‘la teta asustada’.

Por eso ‘Fausta’, desde adolescente se colocó una papa en la vagina, en lugar de un ‘Tampax’, para protegerse. Sus partes íntimas se infectaron, su tío la llevó al médico que asiste incrédulo a su relato. ‘Doctor, tiene la teta asustada nomás’, le dice. El médico no entiende esas creencias de la gente de la sierra por traumas que dejó la lucha contra el demencial Sendero.

A algunos retrógrados les choca la película. ¿Es culpa de Claudia Llosa que el Perú esté hecho astillas? ¿Que haya varios Perú, varias Lima? ¿Acaso esos ‘críticos’ quieren que el país sea representado solo por Asia o Larco Mar? Sin embargo, no todo es tristeza en el filme. Hay escenas entrañables y divertidas, como el matrimonio masivo con la música de los míticos ‘Los Destellos’ de fondo, ‘Elsa’ y ‘Caminito serrano’, mientras desfilan familiares portando alucinantes regalos.

‘Fausta’ canta mientras trabaja como empleada y su patrona la envidia, le quiere arrebatar su melancolía hecha canción y la engaña. ‘Fausta’ se venga y le roba para tener dinero y llevar el cadáver de su madre embalsamado en un camión para sepultarlo en su pueblito natal. ¿Fantasía? ¿Realidad? Un obra que hechiza a quienes tienen ojos para ver más allá de lo evidente. Apago el televisor. 

LOS NUEVOS CHOLOS

16 de Diciembre de 2009

Blog de Carlos Carlín en Perú 21

Comentario escrito por “Jose”, el 23 de Noviembre 2009 a las 04:32 PM.
 
No sé si fue más desafortunada la actitud de Marisol Aguirre respecto a ventilar sus problemas con Meier en TV peruana o el hecho de llamarla “chola” por una simple “ACTITUD“??? en radio capital….. No sabía que CHOLO no solo es una “raza” con connotaciones negativas en nuestra sociedad sino que, además, ahora ahora son descripciones de actitudes negativas…..pobre de los cholos de nuestro país. Espero que nunca se le diga NEGRO a un blanco simplemente por su ACTITUD negativa.

Carlos Carlin dijo: “Personalmente, creo que ser cholo no es una cuestión de raza, sino una actitud…..” – Pagina web RPP. Umm, no solo lo dijo en RPP, tambien lo hizo en este bloggg, es q él piensa q todos somos racistas y le parece normal y cree q no ofende a nadie, por eso es facil criticar a Marisol….
 
En este comentario escrito por José al post anterior, titulado EL GORRIÓN ¿GORREA?, queda claro que José no comparte conmigo la definición de la palabra CHOLO.

Según el blog PERUANISTA. “Cholo es un insulto racista utilizado para despreciar a nuestros pueblos nativos de las Américas, desde Chile hasta Canadá. Fue inventado por los hispanos en el siglo XVII para burlarse de la apariencia fisica de los indígenas de este continente. 

Algunos peruanos se auto califican como cholos porque no saben que esa palabra es un insulto. Hay peruanos que usan esa palabra como una muestra de “amistad” o cariño. Sin embargo, la mayor parte de peruanos sabemos que es una palabra ofensiva“.

Yo estoy de acuerdo con lo que dice PERUANISTA. Cholo es, desde hace mucho tiempo, un insulto y así se sigue usando hasta el día de hoy. Pero la palabra CHOLO debería variar en su concepto. Dejemos la ignorancia y la estupidez de llamar CHOLO al mestizo, al trigueño o cualquier NO limeño.

Creo que quienes defienden la integridad de la palabra CHOLO otorgándole un valor que no tiene, parecen desconocer que no existe la raza CHOLA.

La famosa canción de Luis Abanto Morales CHOLO SOY es, según yo, una apología al complejo de inferioridad. La frase cholo soy y no me compadezcas ubica a la gente de la sierra en la misma condicion de Quasimodo, de un monstruo que exige respeto. Imagino que este tema ha sido compuesto hace algunos, en un contexto bastante más indiferente con la realidad rural de nuestro país, pero igual subestima y tambien: “Cholea”.

Seamos sinceros, en público o en privado, todos los peruanos (sobre todo los limeños) choleamos y seguiremos choleando. Ojalá algún día desaparezca esta costumbre, pero como para eso falta mucho, mientras esperamos empecemos a usar la controvertida palabrita para designar a quienes son merecedores de ser llamados CHOLOS.

 
 

Les copio un texto que escribí para la columna HABLABABAS de Peru.21 titulado LOS NUEVOS CHOLOS y que, por falta de espacio, no salió publicada.
 
“El Perú esta cambiando, nos decía todos los días por televisión Dina Páucar promocionando una gaseosa. No era una casualidad que fuese justamente Dina una provinciana, ex empleada doméstica, folclórica y es decir para muchos una chola, quien diga ese profético slogan que hoy, casi 5 años después, sería una verdad absoluta. Dina Páucar jamás ha protagonizado un escándalo, sin embargo, Marisol Aguirre y Cristian Meier, hermosos descendientes de Mises y franceses, se dicen zamba canuta en público ¡por plata!. ¿Qué escenario escoge Marisol para denunciar que no le alcanza la plata para comprar carne? : el programa de Magaly Medina, una huachana, o sea, otra mujer también considerada “chola”.

“El Perú está cambiando”, más que un slogan, era un lúcido pronóstico creado por los Añaños, una familia de ayacuchanos, que hoy son dueños un imperio comercial internacionalmente exitoso. Mientras en otro lado, los Tudelas y Lozadas, familias que son ” las llamadas familias bien” de clase alta, se mechonean en TV también ¡por plata! Los Añaños han hecho suficiente dinero como para regalar un sarcófago con vista al mar y cochera a los Tudela y Dina Páucar podría rellenar de lomo fino a Marisoles y Meiers hasta que revienten, pero ni Páucar ni Añaños ventilarían sus carcas en TV, mucho menos ¡por plata!. El Perú ya cambió. Cholo no implica raza, cholo es quien se humilla por plata.

SOMOS IGUALES… ¿PERO A QUIÉN?

DISCRIMINACIÓN EN EL PERÚ: LA LEY NO ES SUFICIENTE

El Comercio

16 de enero de 2010

Por: Juan Carlos Cuadros Guedes

Es difícil de creer que en un mundo globalizado como este aún haya gente que no tolere a otra solo porque tiene un color de piel diferente, una nacionalidad u origen distinto y una forma peculiar de ser. Pero lo más increíble es que la discriminación —en todas sus formas— siga siendo un patrón de conducta en el Perú, no obstante la diversidad cultural y étnica que predomina aquí desde la época de la Colonia.

La Constitución Política, en su artículo 2, inciso 2, lo señala expresamente: “Todos somos iguales ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”.

Y del lado de los consumidores, este criterio se reafirma en el Decreto Legislativo 716, artículo 7-b (adicionado por Ley 27049): “Los proveedores no podrán establecer discriminación alguna respecto a los solicitantes de los productos y servicios que los primeros ofrecen en locales abiertos al público”.

De cualquier manera está prohibido realizar selección de clientes, excluir a personas o realizar otras prácticas similares, sin que medien causas de seguridad del establecimiento o tranquilidad de sus clientes u otras razones objetivas y justificadas.

HECHOS QUE PREOCUPAN
El 30 de mayo del 2009 unos jóvenes acudieron a una discoteca del distrito de Miraflores para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Súbitamente, el personal de seguridad del local impidió el ingreso a una de las integrantes del grupo: nada menos que a la enamorada del cumpleañero, por sus rasgos andinos.

Prácticas de este tipo vulneran abiertamente la ley, pero se mantienen por las dificultades que presenta el procedimiento sancionador por parte del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi).

Según explica el abogado y profesor en derecho, Wilfredo Ardito Vega, la víctima de discriminación no solo debe acudir al Indecopi en horas de oficina y pagar un derecho de 36 soles para sentar su denuncia. “Además, tiene la carga de la prueba; es decir, está obligada a probar que fue discriminada, lo cual es sumamente difícil”, dijo.

En otro local, también en Miraflores, una persona fue brutalmente golpeada por personal de seguridad. Pero al tratar de defenderse y sacar su celular para tomar fotos de lo que ocurría en ese momento, fue aun más agredida.

Pero hoy algo nos llama la atención. El 28 de noviembre del 2008, la Sala de la Defensa de la Competencia 2 del Indecopi emitió la resolución 0421-2008/SC2, que genera una situación más compleja al establecer que las víctimas deben acreditar que pertenecen a un grupo discriminado. ¿Qué quiere decir?

“Que uno debe probar que es gay, cholo, mestizo, negro o pobre para que sus derechos sean respetados”, afirma Luis Miguel Guillén Aoki, del estudio de abogados Torres y Torres Lara.

“Todos somos iguales, ¿pero a quién?”, se pregunta.

SEPA MÁS
El Perú demanda más esfuerzos
Avances
En los últimos tres años, 51 municipalidades han emitido ordenanzas que prohíben todo acto discriminatorio en su jurisdicción y sancionan con cierre temporal o la pérdida de licencia de funcionamiento a los infractores.

Efectividad
De esta manera intervienen contra estas malas prácticas en ciudades donde el Indecopi no tiene oficinas. Además, las municipalidades tienen un listado abierto de causales de discriminación, no solicitan el pago de un derecho a las víctimas y tienen mecanismos más efectivos de inspección.

Propuesta
Según algunos especialistas, podría ser una muy buena alternativa una norma que transfiera definitivamente de Indecopi a las municipalidades la función de sancionar a los locales discriminatorios.

EL RACISMO EN EL PERU…OTRA VEZ

 

Ilave-Puno: después del linchamiento

22 de diciembre de 2006

Extraído del blog RACISMO-PERÚ

*Agradecimiento especial al lic. Augusto Lostaunau Moscol. Historiador. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima-Perú.

  Los últimos acontecimientos violentos ocurridos en la ciudad de Ilave, capital de El Collao –Puno- han reavivado nuevamente las interpretaciones racistas sobre los hechos sociales-populares en nuestro país. Para muchos analistas, el asesinato del alcalde de Ilave es producto de una horda de indios borrachos, para otros tiene una relación con intereses de contrabandistas y narcotraficantes –lo mismo dicen de la huelga de campesinos cocaleros en Tingo María-, mientras que para otros es una lucha de los campesinos que fue infiltrada por agentes políticos extremistas y antisistema neoliberal. En cualquier caso, los campesinos son reducidos a simples seguidores o individuos manipulados por sustancias o agentes extraños a su realidad. Nuevamente el campesino indígena peruano es visto como un menor de edad político que no puede ni debe actuar libremente y por lo tanto debe ser protegido o reprimido.

EL RACISMO COLONIAL

         Alberto Flores Galindo escribió “En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las categorías raciales no sólo tiñen sino que a veces condicionan nuestra percepción social”(1988:259). Es decir, el racismo colonial es una realidad cotidiana que marcha mas allá de los discursos racistas y se internaliza en nuestra forma de ver y comprender una sociedad y los grupos que la integran, vale decir que las clases sociales no solamente son percibidas por su rol que cumplen en la producción sino que a ello, se agregan en forma conciente y/o inconciente la idea de raza en su mas simple significado: color de la piel y cultura tradicional. Estas condiciones generan intolerancia hacia la religión, pensamiento político, utilización del idioma y la vestimenta (Ramírez 2001 ; Lostaunau Moscol 1993). En el caso peruano se presenta como un enfrentamiento entre lo supuestamente “moderno” y lo tradicional; entre la xenofilia y la endofobia y por último, entre la dictadura neoliberal y la democracia popular.

        La invasión y dominación española generó en el Perú el racismo colonial. Dividir la sociedad entre una República de Españoles y una República de Indios, significó partir a la sociedad por el origen de los hombres. Esta visión también se ejerció sobre los negros quienes llegaron como grupo social adscrito a los españoles y por lo tanto, en la sociedad colonial pasaron a formar parte del sector dominante pero, como un apéndice, es decir, sin poder, aunque contrarios a las masas indígenas. Son muchos los jóvenes investigadores que han empezado a indagar sobre la situación del negro en la colonia, destacando Jacqueline Guevara Blanco (2002) y Betzabeth Ortega Luján (2003). En ambos casos, la situación social del esclavo es analizada dentro de la sociedad total y en un proceso histórico en movimiento. 

LOS DISCURSOS RACISTAS EN EL PERU 

         El siglo XX no sólo significó en el Perú nuestra incorporación al capitalismo imperialista en calidad de país dominado y de una economía neocolonia, sino también, dio inicio a una serie de discursos racistas por parte de muchos de intelectuales de origen aristocrático. José de la Riva Agüero y Osma, Víctor Andrés Belaunde, Alejandro Deustua, Francisco García Calderón y Honorio Delgado, entre otros. Para Riva Agüero en el indio vivía secretamente una posición hostil y vengativa; para Deustua los indios eran pobres infelices y analfabetos, mientras que Delgado se convirtió en un defensor del nazismo (Yarasca 2003).

¿FUE MARIATEGUI RACISTA?

        El postmodernismo en el Perú y sus principales difusores han planteado que en la obra de José Carlos Mariátegui existe un claro síntoma de racismo. El posmodernismo tomó de la filosofía posestructuralista su carácter fragmentario, heterogéneo y plural de la realidad, negando la objetividad del conocimiento (Rivera 2003). De esta forma una práctica cotidiana y común de los posmodernistas es fragmentar y descontextualizar. Y eso es lo que han realizado con Mariátegui.

       En sus 7 Ensayos, Mariátegui dedicó varias páginas para analizar el proceso de la literatura. Reconoce que la literatura es una creación cultural que responde a los intereses de la clase que la produce y la sostiene, por ello frente a la literatura colonialista e hispanizante se produce la emergencia de la literatura indigenista. La primera venera lo hispánico y el pasado español mientras la segunda, consagra y venera lo andino. No hay espacio para una literatura de otro sector social, por ello, son escritores de la vieja aristocracia quienes toman la figura del negro y lo ubican como un adscrito del blanco, no como un personaje con vida propia –más tarde José Diez-Canseco trató de hacer vivir al negro en Estampas Mulatas en 1938-. Cuando Mariátegui indica que “La sociedad colonial, que hizo del negro un doméstico –muy pocas veces un artesano, un obrero- absorbió y asimiló a la raza negra, hasta intoxicarse con su sangre tropical”(1977:334) Aquí simplemente se está describiendo objetivamente un fenómeno social que vivió durante la colonia y que en la actualidad podemos observar sus resultados. Por ejemplo, cuando hablamos de música criolla ubicamos en un mismo estilo musical al vals criollo de origen urbano y al folklore afroperuano de origen rural. Para acabar con esa total marginalidad que vive el negro por parte de una sociedad racista, Mariátegui propone el socialismo. Es quizás esta propuesta lo que espanta a los posmodernos –que en su mayoría viven de ONGs y becas financiadas por organismos ligados al pensamiento neoliberal mundial- y por ello de forma irracional lo acusan de racista.

¿SON LOS NOMBRES UNA DEMOSTRACIÓN DE RACISMO?

        Para algunos periodistas, los nombres que colocan los padres a sus hijos puede ser un acto de “modernidad y posmodernidad”, rechazando que son una demostración de huachafería y por último de adaptación e inserción al sistema. No creemos que un nombre pueda ser un acto de racismo, tampoco compartimos aquella idea que los nombres deben de estar de acuerdo a los apellidos, porque esto último es más racista que aceptar o rechazar a una persona por sus nombres –y sus apellidos-.
        Cuando algunos analistas sostienen que algunos nombres pueden ser una demostración de huachafería, esa interpretación es correcta, porque como sostiene Natalia Majluf, “La huachafería no es cuestión de gustos; es una forma de travestismo que no tiene conciencia de su propia inadecuación. Es una pretensión necesariamente ignorante” (1999:49). Es decir, lo huachafo es necesariamente opuesto a lo conservador y por ende progresista frente al mismo, por ello cuando se produce la gran migración andina hacia Lima en la década del 50 del siglo que pasó, estos migrantes descubrieron una nueva sociedad a la cual no pertenecían pero, pretendían incorporarse, jugando los nombres una función muy importante. Por ello, el nombre no es un objetivo es simplemente un medio que genera inadecuación para los gustos conservadores que como respuesta los rechazan y se burlan de los mismos. Aunque este mismo proceso lo vivieron los italianos llegados a la Argentina que tomaron o hispanizaron sus nombres –Luis por Luigi-, los alemanes en el sur de Chile y los japoneses arribados al Perú.
       Este proceso lo repiten los hijos de los migrados a Lima que ahora han decidido marchar a los Estados Unidos donde “el Pedro” es ahora “el Peter” y “el Juan” es “el John” (Ávila Molero 2003). Un nuevo proceso de adaptación e incorporación en una sociedad que no tenía conocimiento de su existencia.

LOS CHOLOS Y EL NEOLIBERALISMO

       Para Sabino Arroyo “El contexto cultural de la raza se antropologizó con la idea de la etnicidad, sin lograr por completo; porque, el racismo sigue justificando las diferencias, dependencias y los estereotipos” (2004:102). Es decir, a pesar que con el neoliberalismo y los supuestos desarrollos intelectuales de los posmodernos, existe un discurso que favorece lo diverso, en la práctica real y cotidiana, el racismo sigue marcando las diferencias y los estereotipos. Existen los cholos achorados y los cholos emergentes (Granados 1999), las formas ocultas para legitimizar en discursos las diferencias de las clases sociales (Callirgos 1997), el despojo y la destrucción de las culturas autóctonas (Montoya 2003), el renacimiento de la utopía andina (Lostaunau Moscol 2002) y la crítica al concepto sociológico de mestizo (Plasencia 1999). Es decir con el neoliberalismo el cholo es más cholo y por ello busca desesperadamente dejar de serlo, asumiendo patrones de vida como el consumismo y el eclecticismo, totalmente contrarios a sus manifestaciones culturales tradicionales.

UN POST SCRITUM

        Cuando acabamos de ordenar ideas y textos para redactar este ensayo, los diarios nos traen noticias de nuevos sucesos racistas no solamente en el Perú sino también, en Bolivia, país que al igual al nuestro cuenta con una mayoría indígena en su composición demográfica.
En nuestro país, un partido de fútbol entre el Cienciano y el Universitario de Deportes, jugado en Urcos –Cuzco-, terminó abruptamente por sucesos violentos entre los jugadores de Universitario y el árbitro. Ya en Lima, el jugador José Carranza, expulsado en el partido, declaró “Las piedras nos caían de todos lados. Nos reventaron todas las lunas del bus. Esos indios nos querían matar. Por un momento parecía que estábamos en Ilave”(Extra. Martes 25 de mayo de 2004. p.14). Aquí el término indios es utilizado con la mayor carga peyorativa posible para hacerlos sinónimos de salvajes y criminales, como en Ilave.

        El otro suceso son las declaraciones de la señorita Gabriela Oviedo, elegida Miss Bolivia para el certamen de Miss Universo que se realiza en Ecuador –otro país andino de mayorías indígenas-. Según ella los bolivianos aimaras de la parte occidental de su país son “indios, gente pobre y de baja estatura”(Correo. Viernes 28 de mayo del 2004. p.19). Nuevamente el indio como sinónimo de miseria y mal nutrición, es decir atraso.
* Historiador. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima-Perú.

BIBLIOGRAFÍA

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YARASCA TATAJE, Ricardo. 2003. Identidad, Cultura Andina y Racismo en la Historia
      Del Perú. En: DE SER HISTORICO Nro. 1. UNFV. Lima-Perú

EL MÁS VIVO

La República
Jue, 08/01/2009 

Por Nelly Chong García
nchong@ifasil.com

En nuestra sociedad la “viveza criolla” es casi un mal endémico. Este término se refiere a una persona que trata de sacarle partido de mala manera a cualquier situación que implique seguir ciertas reglas para obtener un resultado. Esta “viveza” se relaciona precisamente con saltar las reglas, hacer caso omiso de ellas, abusando del débil o adquiriendo un poder dado por otros, un padrino, en estos casos, cuyo respaldo hace que uno obtenga sin usar las reglas lo que quiere. Todos hemos sido víctimas de un modo o de otro de esta “viveza” que va desde alguien que se mete en la cola, no respetar los cruceros peatonales, tocar claxon a las personas mayores que cruzan la calle, robar, estafar, mentir, en pequeña, mediana o gran escala. Todos nos quejamos cuando estamos del lado de los abusados, todos sonreímos cuando nos toca el lado del abusador.

¿De dónde surge esto? ¿Dónde y cómo lo aprendemos?

Si bien el colegio supone una gran influencia en nuestras experiencias de vida, Humberto Maturana decía que para cuando vamos al colegio “ya es tarde”, con esto se refería a los aprendizajes que realizamos dentro del seno de la familia a la que pertenecemos, qué mensajes recibimos y qué comportamientos son premiados o sancionados. He aquí un ejemplo: Es el cumpleaños de Sebastián, cumple 4 y sus amigos están listos esperando que se rompa la piñata. De pronto un chico como de unos 12 años, que no es uno de los invitados, aparece del otro lado del lugar donde se celebra el cumpleaños, empuja con violencia a los niños y se agarra todas las cosas que había dentro de la piñata. Al ver esto el papá de Sebastián se acerca a donde están los padres del niño mayor, ellos lo miran y se ríen, el padre le dice, es solo un juego. Si mi hijo es más vivo, no es mi culpa.

Abusar de los niños pequeños no puede ser un juego. Y más aún cuando los padres actúan como espectadores y apoyan este tipo de comportamientos. En el caso de este niño, el abuso es visto por sus padres como un acto de viveza. Y ellos celebran la “viveza” como un valor importante.

Si tenemos en cuenta que a medida que los niños crecen, se identifican con el adulto que los educa, entenderemos entonces, que lo que este niño hizo con los pequeños no es algo que tiene que ver con que nació así  o con la información contenida en sus genes solamente. A través de sus respuestas los padres le enseñan una forma de comportarse, de relacionarse con los otros e incentivan una forma de ver y estar en el mundo que de plano niega el respeto por los otros. Y gracias a este aprendizaje este niño seguirá comportándose de esta manera, pues hasta acá, nadie le ha enseñado algo diferente.

Es así que este modelo de la “viveza” como un valor, donde el más vivo, en general es el más abusivo,  en realidad relativiza lo que es importante para la convivencia entre los humanos, la responsabilidad por el respeto hacia los otros.

ALTA SOCIEDAD

La República

20 de diciembre de 2009

 Los sectores más pudientes de la sociedad limeña, tan investigados por los expertos en marketing, son los que menos atención merecen de los científicos sociales. Con “Regias y conservadores. Mujeres y hombres de clase alta en la Lima de los noventa”, la socióloga Liuba Kogan intenta aproximarse a la vida cotidiana de este grupo social a menudo marcado por la incomunicación y por enraizadas diferencias de género.

Por Rafael Robles

Para romper con los estereotipos, para reafirmarlos o simplemente para echarle un vistazo preliminar  a un sector de la sociedad que fue ignorado como materia de análisis (escaso interés por parte de los científicos sociales, pues en la sociología primó la tendencia a buscar cambios y mejoras entre los más necesitados), es que Liuba Kogan decidió realizar una investigación cualitativa basada en conversaciones con veinte miembros  (la mitad mujeres, la otra mitad hombres) de la clase alta limeña de los años noventa. “Aquí se pudo hablar sobre sus experiencias de vida, su niñez, cómo criaban a sus hijos, cómo se relacionaban entre sí. Al tratarse de veinte testimonios puntuales no se puede generalizar, pero sí iluminar y componer desde sus historias y recuerdos una imagen de lo que ellos han visto”, explica Kogan, socióloga, doctora en antropología y jefa del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico. Los hallazgos de su libro, titulado “Regias y conservadores. Mujeres y hombres de clase alta en la Lima de los noventa”, son reseñados en las siguientes líneas.

Pasado rural y urbano

Una parte de los entrevistados proviene de tradicionales familias de provincias cuyo hábitat fue el campo antes de la Reforma Agraria. Otro grupo pertenece a antiguas familias afincadas en Lima, de modo que vivieron sus primeros años en espacios urbanos rodeados de empleadas y sirvientes. La mayoría de ellos afirma haber crecido en familias extensas, compuestas por más de cinco hijos, además de tíos, tíos abuelos, abuelos, allegados y una figura a tomar en cuenta: las “amas”, quienes cumplieron un rol significativo en el proceso de socialización y como fuente de ternura, alcanzando un espacio de afectos entre el mundo de los hijos y el mundo de los padres. Teniendo en cuenta que en muchas familias las tías solteras y las abuelas eran una suerte de emisoras de cariño, llama la atención que estos hogares estuvieran caracterizados por débiles niveles de comunicación, distancia entre el uno y el otro y escaso contacto afectivo.

Padres lejanos

“Mi madre era muy bonita, muy elegante, muy dedicada a su persona… perfeccionista, introvertida… con muchísimas cualidades pero no se daba mucho”, relata una mujer de 49 años, perfilando a su madre según el estereotipo que se tiene de ellas en la clase alta de Lima. Así pues, los entrevistados en el libro de Kogan describen a sus respectivas madres como personas tan distantes como regias. Son muy pocos los que en su mente ubican a la madre como un ser dócil y cariñoso.

En cuanto al padre las características que más rápido salen a flote son las de una personalidad fría, poco afectuosa, quizá, en algún momento, podía ser aquel que llevaba a los niños de paseo y hasta jugaba de vez en cuando con ellos. “Él se mantenía mucho más al margen; como que opinaba, pero siempre a través de mi mamá; la que ponía más el orden, en este caso, era mi mamá, no mi papá, porque no se metía directamente mucho con nosotros”, refiere una mujer de 25 años. 

La escuela mojigataLa mayoría de los entrevistados en “Regias y conservadores…” estudió en colegios que no eran mixtos y tradicionalmente religiosos. El ritual católico, el compromiso afectivo y hasta el temor a las consecuencias de pecar les fueron inculcados desde la más temprana infancia. Del mismo modo, las mujeres recuerdan que en la escuela se insistía mucho en la virginidad y la pureza, pero sin hablar de sexo explícitamente. Los hombres, por su lado, tampoco recibieron una educación abierta en cuanto a temas sexuales, sino que tuvieron que acudir a revistas y novelitas eróticas, usualmente dotadas de información tergiversada y en donde la mujer era puesta en escena meramente como un objeto sexual. Los estereotipos a seguir fueron reforzados, además de las escuelas y el hogar, por medios como las revistas femeninas (“Claudia”, “Vogue”, “Vanidades” y “Hola”), que definían los ideales de belleza y el comportamiento que debían de tener las mujeres de la clase alta (consejos de  moda, decoración de interiores, relatos sobre “gente famosa” o de la nobleza). “Lo único que no quiero es ser una vieja fofa”, dice una mujer de 53 años, para redondear –o siluetear, mejor dicho– la idea.

Ellos en la calle, ellas en casa

Los roles que asumen hombres y mujeres son una herencia cultural forjada en casa, al lado de los padres. Los hombres se ven a ellos mismos más pragmáticos que las mujeres, menos sensibles, poco preocupados por la apariencia pero sí por un estado físico admirable, con una autoestima que se basa en el poder que da el dinero, además de buscar en la mujer virtudes como la feminidad, la belleza, la comunicatividad y la pureza sexual.

Ellas, en cambio, se ven a sí mismas como algo chismosas, frívolas, aunque bastante entregadas en los asuntos de la casa (los hijos, el hogar, el esposo), así como fieles (salvo casos extremos de soledad y falta de afecto), preocupadas en conservar su virginidad (y las de sus hijas, mas no tanto la de sus hijos) y con la firme idea de que formar una familia con hijos es uno de los ideales a alcanzar con el matrimonio. En cuanto al hombre ideal, lo califican como un tipo alegre, entusiasta, hogareño, fiel y leal.
Para Liuba Kogan las diferencias de género actualmente no han cambiado de forma considerable en los estratos altos de Lima (solo en la clase media se ha podido percibir variantes, según sostiene), aunque es probable que pronto se empiecen a mezclar discursos conservadores y modernos con mayor rapidez. “Los padres siguen viendo frágiles a sus hijas y fuertes a sus hijos, así que todavía hay mucha diferencia de poder, algo que podría disminuir en los próximos años”, indica.

Los trabajos y los hijos

Finalmente, otro punto a destacar de “Regias  y conservadores…” es el tema laboral, un aspecto capital en la imagen mental que se tiene de los limeños y limeñas de las sectores A.

Kogan destaca que de todas las mujeres casadas que fueron entrevistadas, ninguna trabajaba fuera del hogar, razón por la que también eran ellas las que se dedicaban absolutamente a los hijos, oficio que incluía estar al tanto de sus actividades aunque fuera de manera administrativa (la servidumbre hacía la parte física del trabajo).

Para los hombres, en cambio, la paternidad no es un conjunto de responsabilidades cotidianas, sino una demostración de hombría, la prueba de que no son homosexuales. “Por suerte, aunque falta investigarlo, parece que ahora ha aparecido una generación que está dispuesta a tener una relación de pareja más horizontal”, precisa Kogan, autora de este libro que, como en su tiempo lo hizo “Un mundo para Julius”, permite formarnos una idea de lo que vive, padece, sueña y recuerda la clase alta y a veces no tan afortunada de nuestra Lima dispar.

Trapitos al aire

•Las mujeres entrevistadas dicen que muchas en su entorno no se divorcian por la comodidad económica, el temor a enfrentar la crítica social, etc. Los hombres no lo hacen por la negativa a repartir los bienes y el deseo de proyectar una imagen  sólida.

•La única actividad que las mujeres consultadas practican con regularidad es ir de compras.

•Entre las principales actividades de ellos y ellas están los deportes, los actos de beneficiencia, hobbies en común, charlar en reuniones y la buena comida.

•Muchos señalaron que a los hijos hombres –desde la adolescencia, sobre todo– no se les debía acariciar igual que a las hijas, por miedo a ocasionar “afeminamiento”.

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