Somos iguales… ¿pero a quién?

DISCRIMINACIÓN EN EL PERÚ: LA LEY NO ES SUFICIENTE

El Comercio

16 de enero de 2010

Por: Juan Carlos Cuadros Guedes

Es difícil de creer que en un mundo globalizado como este aún haya gente que no tolere a otra solo porque tiene un color de piel diferente, una nacionalidad u origen distinto y una forma peculiar de ser. Pero lo más increíble es que la discriminación —en todas sus formas— siga siendo un patrón de conducta en el Perú, no obstante la diversidad cultural y étnica que predomina aquí desde la época de la Colonia.

La Constitución Política, en su artículo 2, inciso 2, lo señala expresamente: “Todos somos iguales ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”.

Y del lado de los consumidores, este criterio se reafirma en el Decreto Legislativo 716, artículo 7-b (adicionado por Ley 27049): “Los proveedores no podrán establecer discriminación alguna respecto a los solicitantes de los productos y servicios que los primeros ofrecen en locales abiertos al público”.

De cualquier manera está prohibido realizar selección de clientes, excluir a personas o realizar otras prácticas similares, sin que medien causas de seguridad del establecimiento o tranquilidad de sus clientes u otras razones objetivas y justificadas.

HECHOS QUE PREOCUPAN
El 30 de mayo del 2009 unos jóvenes acudieron a una discoteca del distrito de Miraflores para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Súbitamente, el personal de seguridad del local impidió el ingreso a una de las integrantes del grupo: nada menos que a la enamorada del cumpleañero, por sus rasgos andinos.

Prácticas de este tipo vulneran abiertamente la ley, pero se mantienen por las dificultades que presenta el procedimiento sancionador por parte del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi).

Según explica el abogado y profesor en derecho, Wilfredo Ardito Vega, la víctima de discriminación no solo debe acudir al Indecopi en horas de oficina y pagar un derecho de 36 soles para sentar su denuncia. “Además, tiene la carga de la prueba; es decir, está obligada a probar que fue discriminada, lo cual es sumamente difícil”, dijo.

En otro local, también en Miraflores, una persona fue brutalmente golpeada por personal de seguridad. Pero al tratar de defenderse y sacar su celular para tomar fotos de lo que ocurría en ese momento, fue aun más agredida.

Pero hoy algo nos llama la atención. El 28 de noviembre del 2008, la Sala de la Defensa de la Competencia 2 del Indecopi emitió la resolución 0421-2008/SC2, que genera una situación más compleja al establecer que las víctimas deben acreditar que pertenecen a un grupo discriminado. ¿Qué quiere decir?

“Que uno debe probar que es gay, cholo, mestizo, negro o pobre para que sus derechos sean respetados”, afirma Luis Miguel Guillén Aoki, del estudio de abogados Torres y Torres Lara.

“Todos somos iguales, ¿pero a quién?”, se pregunta.

SEPA MÁS
El Perú demanda más esfuerzos
Avances
En los últimos tres años, 51 municipalidades han emitido ordenanzas que prohíben todo acto discriminatorio en su jurisdicción y sancionan con cierre temporal o la pérdida de licencia de funcionamiento a los infractores.

Efectividad
De esta manera intervienen contra estas malas prácticas en ciudades donde el Indecopi no tiene oficinas. Además, las municipalidades tienen un listado abierto de causales de discriminación, no solicitan el pago de un derecho a las víctimas y tienen mecanismos más efectivos de inspección.

Propuesta
Según algunos especialistas, podría ser una muy buena alternativa una norma que transfiera definitivamente de Indecopi a las municipalidades la función de sancionar a los locales discriminatorios.

EL RACISMO EN EL PERU…OTRA VEZ

Ilave-Puno: después del linchamiento

Abril de 2004

Por Juan Carlos Callirgos

*Agradecimiento especial al lic. Augusto Lostaunau Moscol. Historiador. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima-Perú.

  Los últimos acontecimientos violentos ocurridos en la ciudad de Ilave, capital de El Collao –Puno- han reavivado nuevamente las interpretaciones racistas sobre los hechos sociales-populares en nuestro país. Para muchos analistas, el asesinato del alcalde de Ilave es producto de una horda de indios borrachos, para otros tiene una relación con intereses de contrabandistas y narcotraficantes –lo mismo dicen de la huelga de campesinos cocaleros en Tingo María-, mientras que para otros es una lucha de los campesinos que fue infiltrada por agentes políticos extremistas y antisistema neoliberal. En cualquier caso, los campesinos son reducidos a simples seguidores o individuos manipulados por sustancias o agentes extraños a su realidad. Nuevamente el campesino indígena peruano es visto como un menor de edad político que no puede ni debe actuar libremente y por lo tanto debe ser protegido o reprimido.

EL RACISMO COLONIAL

         Alberto Flores Galindo escribió “En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las categorías raciales no sólo tiñen sino que a veces condicionan nuestra percepción social”(1988:259). Es decir, el racismo colonial es una realidad cotidiana que marcha mas allá de los discursos racistas y se internaliza en nuestra forma de ver y comprender una sociedad y los grupos que la integran, vale decir que las clases sociales no solamente son percibidas por su rol que cumplen en la producción sino que a ello, se agregan en forma conciente y/o inconciente la idea de raza en su mas simple significado: color de la piel y cultura tradicional. Estas condiciones generan intolerancia hacia la religión, pensamiento político, utilización del idioma y la vestimenta (Ramírez 2001 ; Lostaunau Moscol 1993). En el caso peruano se presenta como un enfrentamiento entre lo supuestamente “moderno” y lo tradicional; entre la xenofilia y la endofobia y por último, entre la dictadura neoliberal y la democracia popular.

        La invasión y dominación española generó en el Perú el racismo colonial. Dividir la sociedad entre una República de Españoles y una República de Indios, significó partir a la sociedad por el origen de los hombres. Esta visión también se ejerció sobre los negros quienes llegaron como grupo social adscrito a los españoles y por lo tanto, en la sociedad colonial pasaron a formar parte del sector dominante pero, como un apéndice, es decir, sin poder, aunque contrarios a las masas indígenas. Son muchos los jóvenes investigadores que han empezado a indagar sobre la situación del negro en la colonia, destacando Jacqueline Guevara Blanco (2002) y Betzabeth Ortega Luján (2003). En ambos casos, la situación social del esclavo es analizada dentro de la sociedad total y en un proceso histórico en movimiento. 

LOS DISCURSOS RACISTAS EN EL PERU 

         El siglo XX no sólo significó en el Perú nuestra incorporación al capitalismo imperialista en calidad de país dominado y de una economía neocolonia, sino también, dio inicio a una serie de discursos racistas por parte de muchos de intelectuales de origen aristocrático. José de la Riva Agüero y Osma, Víctor Andrés Belaunde, Alejandro Deustua, Francisco García Calderón y Honorio Delgado, entre otros. Para Riva Agüero en el indio vivía secretamente una posición hostil y vengativa; para Deustua los indios eran pobres infelices y analfabetos, mientras que Delgado se convirtió en un defensor del nazismo (Yarasca 2003).

¿FUE MARIATEGUI RACISTA?

        El postmodernismo en el Perú y sus principales difusores han planteado que en la obra de José Carlos Mariátegui existe un claro síntoma de racismo. El posmodernismo tomó de la filosofía posestructuralista su carácter fragmentario, heterogéneo y plural de la realidad, negando la objetividad del conocimiento (Rivera 2003). De esta forma una práctica cotidiana y común de los posmodernistas es fragmentar y descontextualizar. Y eso es lo que han realizado con Mariátegui.

       En sus 7 Ensayos, Mariátegui dedicó varias páginas para analizar el proceso de la literatura. Reconoce que la literatura es una creación cultural que responde a los intereses de la clase que la produce y la sostiene, por ello frente a la literatura colonialista e hispanizante se produce la emergencia de la literatura indigenista. La primera venera lo hispánico y el pasado español mientras la segunda, consagra y venera lo andino. No hay espacio para una literatura de otro sector social, por ello, son escritores de la vieja aristocracia quienes toman la figura del negro y lo ubican como un adscrito del blanco, no como un personaje con vida propia –más tarde José Diez-Canseco trató de hacer vivir al negro en Estampas Mulatas en 1938-. Cuando Mariátegui indica que “La sociedad colonial, que hizo del negro un doméstico –muy pocas veces un artesano, un obrero- absorbió y asimiló a la raza negra, hasta intoxicarse con su sangre tropical”(1977:334) Aquí simplemente se está describiendo objetivamente un fenómeno social que vivió durante la colonia y que en la actualidad podemos observar sus resultados. Por ejemplo, cuando hablamos de música criolla ubicamos en un mismo estilo musical al vals criollo de origen urbano y al folklore afroperuano de origen rural. Para acabar con esa total marginalidad que vive el negro por parte de una sociedad racista, Mariátegui propone el socialismo. Es quizás esta propuesta lo que espanta a los posmodernos –que en su mayoría viven de ONGs y becas financiadas por organismos ligados al pensamiento neoliberal mundial- y por ello de forma irracional lo acusan de racista.

¿SON LOS NOMBRES UNA DEMOSTRACIÓN DE RACISMO?

        Para algunos periodistas, los nombres que colocan los padres a sus hijos puede ser un acto de “modernidad y posmodernidad”, rechazando que son una demostración de huachafería y por último de adaptación e inserción al sistema. No creemos que un nombre pueda ser un acto de racismo, tampoco compartimos aquella idea que los nombres deben de estar de acuerdo a los apellidos, porque esto último es más racista que aceptar o rechazar a una persona por sus nombres –y sus apellidos-.
        Cuando algunos analistas sostienen que algunos nombres pueden ser una demostración de huachafería, esa interpretación es correcta, porque como sostiene Natalia Majluf, “La huachafería no es cuestión de gustos; es una forma de travestismo que no tiene conciencia de su propia inadecuación. Es una pretensión necesariamente ignorante” (1999:49). Es decir, lo huachafo es necesariamente opuesto a lo conservador y por ende progresista frente al mismo, por ello cuando se produce la gran migración andina hacia Lima en la década del 50 del siglo que pasó, estos migrantes descubrieron una nueva sociedad a la cual no pertenecían pero, pretendían incorporarse, jugando los nombres una función muy importante. Por ello, el nombre no es un objetivo es simplemente un medio que genera inadecuación para los gustos conservadores que como respuesta los rechazan y se burlan de los mismos. Aunque este mismo proceso lo vivieron los italianos llegados a la Argentina que tomaron o hispanizaron sus nombres –Luis por Luigi-, los alemanes en el sur de Chile y los japoneses arribados al Perú.
       Este proceso lo repiten los hijos de los migrados a Lima que ahora han decidido marchar a los Estados Unidos donde “el Pedro” es ahora “el Peter” y “el Juan” es “el John” (Ávila Molero 2003). Un nuevo proceso de adaptación e incorporación en una sociedad que no tenía conocimiento de su existencia.

LOS CHOLOS Y EL NEOLIBERALISMO

       Para Sabino Arroyo “El contexto cultural de la raza se antropologizó con la idea de la etnicidad, sin lograr por completo; porque, el racismo sigue justificando las diferencias, dependencias y los estereotipos” (2004:102). Es decir, a pesar que con el neoliberalismo y los supuestos desarrollos intelectuales de los posmodernos, existe un discurso que favorece lo diverso, en la práctica real y cotidiana, el racismo sigue marcando las diferencias y los estereotipos. Existen los cholos achorados y los cholos emergentes (Granados 1999), las formas ocultas para legitimizar en discursos las diferencias de las clases sociales (Callirgos 1997), el despojo y la destrucción de las culturas autóctonas (Montoya 2003), el renacimiento de la utopía andina (Lostaunau Moscol 2002) y la crítica al concepto sociológico de mestizo (Plasencia 1999). Es decir con el neoliberalismo el cholo es más cholo y por ello busca desesperadamente dejar de serlo, asumiendo patrones de vida como el consumismo y el eclecticismo, totalmente contrarios a sus manifestaciones culturales tradicionales.

UN POST SCRITUM

        Cuando acabamos de ordenar ideas y textos para redactar este ensayo, los diarios nos traen noticias de nuevos sucesos racistas no solamente en el Perú sino también, en Bolivia, país que al igual al nuestro cuenta con una mayoría indígena en su composición demográfica.
En nuestro país, un partido de fútbol entre el Cienciano y el Universitario de Deportes, jugado en Urcos –Cuzco-, terminó abruptamente por sucesos violentos entre los jugadores de Universitario y el árbitro. Ya en Lima, el jugador José Carranza, expulsado en el partido, declaró “Las piedras nos caían de todos lados. Nos reventaron todas las lunas del bus. Esos indios nos querían matar. Por un momento parecía que estábamos en Ilave”(Extra. Martes 25 de mayo de 2004. p.14). Aquí el término indios es utilizado con la mayor carga peyorativa posible para hacerlos sinónimos de salvajes y criminales, como en Ilave.

        El otro suceso son las declaraciones de la señorita Gabriela Oviedo, elegida Miss Bolivia para el certamen de Miss Universo que se realiza en Ecuador –otro país andino de mayorías indígenas-. Según ella los bolivianos aimaras de la parte occidental de su país son “indios, gente pobre y de baja estatura”(Correo. Viernes 28 de mayo del 2004. p.19). Nuevamente el indio como sinónimo de miseria y mal nutrición, es decir atraso.
* Historiador. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima-Perú.

BIBLIOGRAFÍA

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YARASCA TATAJE, Ricardo. 2003. Identidad, Cultura Andina y Racismo en la Historia
      Del Perú. En: DE SER HISTORICO Nro. 1. UNFV. Lima-Perú

El más vivo

La República
Jue, 08/01/2009 

Por Nelly Chong García
nchong@ifasil.com

En nuestra sociedad la “viveza criolla” es casi un mal endémico. Este término se refiere a una persona que trata de sacarle partido de mala manera a cualquier situación que implique seguir ciertas reglas para obtener un resultado. Esta “viveza” se relaciona precisamente con saltar las reglas, hacer caso omiso de ellas, abusando del débil o adquiriendo un poder dado por otros, un padrino, en estos casos, cuyo respaldo hace que uno obtenga sin usar las reglas lo que quiere. Todos hemos sido víctimas de un modo o de otro de esta “viveza” que va desde alguien que se mete en la cola, no respetar los cruceros peatonales, tocar claxon a las personas mayores que cruzan la calle, robar, estafar, mentir, en pequeña, mediana o gran escala. Todos nos quejamos cuando estamos del lado de los abusados, todos sonreímos cuando nos toca el lado del abusador.

¿De dónde surge esto? ¿Dónde y cómo lo aprendemos?

Si bien el colegio supone una gran influencia en nuestras experiencias de vida, Humberto Maturana decía que para cuando vamos al colegio “ya es tarde”, con esto se refería a los aprendizajes que realizamos dentro del seno de la familia a la que pertenecemos, qué mensajes recibimos y qué comportamientos son premiados o sancionados. He aquí un ejemplo: Es el cumpleaños de Sebastián, cumple 4 y sus amigos están listos esperando que se rompa la piñata. De pronto un chico como de unos 12 años, que no es uno de los invitados, aparece del otro lado del lugar donde se celebra el cumpleaños, empuja con violencia a los niños y se agarra todas las cosas que había dentro de la piñata. Al ver esto el papá de Sebastián se acerca a donde están los padres del niño mayor, ellos lo miran y se ríen, el padre le dice, es solo un juego. Si mi hijo es más vivo, no es mi culpa.

Abusar de los niños pequeños no puede ser un juego. Y más aún cuando los padres actúan como espectadores y apoyan este tipo de comportamientos. En el caso de este niño, el abuso es visto por sus padres como un acto de viveza. Y ellos celebran la “viveza” como un valor importante.

Si tenemos en cuenta que a medida que los niños crecen, se identifican con el adulto que los educa, entenderemos entonces, que lo que este niño hizo con los pequeños no es algo que tiene que ver con que nació así  o con la información contenida en sus genes solamente. A través de sus respuestas los padres le enseñan una forma de comportarse, de relacionarse con los otros e incentivan una forma de ver y estar en el mundo que de plano niega el respeto por los otros. Y gracias a este aprendizaje este niño seguirá comportándose de esta manera, pues hasta acá, nadie le ha enseñado algo diferente.

Es así que este modelo de la “viveza” como un valor, donde el más vivo, en general es el más abusivo,  en realidad relativiza lo que es importante para la convivencia entre los humanos, la responsabilidad por el respeto hacia los otros.

Alta sociedad

La República

20 de diciembre de 2009

 Los sectores más pudientes de la sociedad limeña, tan investigados por los expertos en marketing, son los que menos atención merecen de los científicos sociales. Con “Regias y conservadores. Mujeres y hombres de clase alta en la Lima de los noventa”, la socióloga Liuba Kogan intenta aproximarse a la vida cotidiana de este grupo social a menudo marcado por la incomunicación y por enraizadas diferencias de género.

Por Rafael Robles

Para romper con los estereotipos, para reafirmarlos o simplemente para echarle un vistazo preliminar  a un sector de la sociedad que fue ignorado como materia de análisis (escaso interés por parte de los científicos sociales, pues en la sociología primó la tendencia a buscar cambios y mejoras entre los más necesitados), es que Liuba Kogan decidió realizar una investigación cualitativa basada en conversaciones con veinte miembros  (la mitad mujeres, la otra mitad hombres) de la clase alta limeña de los años noventa. “Aquí se pudo hablar sobre sus experiencias de vida, su niñez, cómo criaban a sus hijos, cómo se relacionaban entre sí. Al tratarse de veinte testimonios puntuales no se puede generalizar, pero sí iluminar y componer desde sus historias y recuerdos una imagen de lo que ellos han visto”, explica Kogan, socióloga, doctora en antropología y jefa del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico. Los hallazgos de su libro, titulado “Regias y conservadores. Mujeres y hombres de clase alta en la Lima de los noventa”, son reseñados en las siguientes líneas.

Pasado rural y urbano

Una parte de los entrevistados proviene de tradicionales familias de provincias cuyo hábitat fue el campo antes de la Reforma Agraria. Otro grupo pertenece a antiguas familias afincadas en Lima, de modo que vivieron sus primeros años en espacios urbanos rodeados de empleadas y sirvientes. La mayoría de ellos afirma haber crecido en familias extensas, compuestas por más de cinco hijos, además de tíos, tíos abuelos, abuelos, allegados y una figura a tomar en cuenta: las “amas”, quienes cumplieron un rol significativo en el proceso de socialización y como fuente de ternura, alcanzando un espacio de afectos entre el mundo de los hijos y el mundo de los padres. Teniendo en cuenta que en muchas familias las tías solteras y las abuelas eran una suerte de emisoras de cariño, llama la atención que estos hogares estuvieran caracterizados por débiles niveles de comunicación, distancia entre el uno y el otro y escaso contacto afectivo.

Padres lejanos

“Mi madre era muy bonita, muy elegante, muy dedicada a su persona… perfeccionista, introvertida… con muchísimas cualidades pero no se daba mucho”, relata una mujer de 49 años, perfilando a su madre según el estereotipo que se tiene de ellas en la clase alta de Lima. Así pues, los entrevistados en el libro de Kogan describen a sus respectivas madres como personas tan distantes como regias. Son muy pocos los que en su mente ubican a la madre como un ser dócil y cariñoso.

En cuanto al padre las características que más rápido salen a flote son las de una personalidad fría, poco afectuosa, quizá, en algún momento, podía ser aquel que llevaba a los niños de paseo y hasta jugaba de vez en cuando con ellos. “Él se mantenía mucho más al margen; como que opinaba, pero siempre a través de mi mamá; la que ponía más el orden, en este caso, era mi mamá, no mi papá, porque no se metía directamente mucho con nosotros”, refiere una mujer de 25 años. 

La escuela mojigata

La mayoría de los entrevistados en “Regias y conservadores…” estudió en colegios que no eran mixtos y tradicionalmente religiosos. El ritual católico, el compromiso afectivo y hasta el temor a las consecuencias de pecar les fueron inculcados desde la más temprana infancia. Del mismo modo, las mujeres recuerdan que en la escuela se insistía mucho en la virginidad y la pureza, pero sin hablar de sexo explícitamente. Los hombres, por su lado, tampoco recibieron una educación abierta en cuanto a temas sexuales, sino que tuvieron que acudir a revistas y novelitas eróticas, usualmente dotadas de información tergiversada y en donde la mujer era puesta en escena meramente como un objeto sexual. Los estereotipos a seguir fueron reforzados, además de las escuelas y el hogar, por medios como las revistas femeninas (“Claudia”, “Vogue”, “Vanidades” y “Hola”), que definían los ideales de belleza y el comportamiento que debían de tener las mujeres de la clase alta (consejos de  moda, decoración de interiores, relatos sobre “gente famosa” o de la nobleza). “Lo único que no quiero es ser una vieja fofa”, dice una mujer de 53 años, para redondear –o siluetear, mejor dicho– la idea.

Ellos en la calle, ellas en casa

Los roles que asumen hombres y mujeres son una herencia cultural forjada en casa, al lado de los padres. Los hombres se ven a ellos mismos más pragmáticos que las mujeres, menos sensibles, poco preocupados por la apariencia pero sí por un estado físico admirable, con una autoestima que se basa en el poder que da el dinero, además de buscar en la mujer virtudes como la feminidad, la belleza, la comunicatividad y la pureza sexual.

Ellas, en cambio, se ven a sí mismas como algo chismosas, frívolas, aunque bastante entregadas en los asuntos de la casa (los hijos, el hogar, el esposo), así como fieles (salvo casos extremos de soledad y falta de afecto), preocupadas en conservar su virginidad (y las de sus hijas, mas no tanto la de sus hijos) y con la firme idea de que formar una familia con hijos es uno de los ideales a alcanzar con el matrimonio. En cuanto al hombre ideal, lo califican como un tipo alegre, entusiasta, hogareño, fiel y leal.
Para Liuba Kogan las diferencias de género actualmente no han cambiado de forma considerable en los estratos altos de Lima (solo en la clase media se ha podido percibir variantes, según sostiene), aunque es probable que pronto se empiecen a mezclar discursos conservadores y modernos con mayor rapidez. “Los padres siguen viendo frágiles a sus hijas y fuertes a sus hijos, así que todavía hay mucha diferencia de poder, algo que podría disminuir en los próximos años”, indica.

Los trabajos y los hijos

Finalmente, otro punto a destacar de “Regias  y conservadores…” es el tema laboral, un aspecto capital en la imagen mental que se tiene de los limeños y limeñas de las sectores A.

Kogan destaca que de todas las mujeres casadas que fueron entrevistadas, ninguna trabajaba fuera del hogar, razón por la que también eran ellas las que se dedicaban absolutamente a los hijos, oficio que incluía estar al tanto de sus actividades aunque fuera de manera administrativa (la servidumbre hacía la parte física del trabajo).

Para los hombres, en cambio, la paternidad no es un conjunto de responsabilidades cotidianas, sino una demostración de hombría, la prueba de que no son homosexuales. “Por suerte, aunque falta investigarlo, parece que ahora ha aparecido una generación que está dispuesta a tener una relación de pareja más horizontal”, precisa Kogan, autora de este libro que, como en su tiempo lo hizo “Un mundo para Julius”, permite formarnos una idea de lo que vive, padece, sueña y recuerda la clase alta y a veces no tan afortunada de nuestra Lima dispar.

Trapitos al aire

•Las mujeres entrevistadas dicen que muchas en su entorno no se divorcian por la comodidad económica, el temor a enfrentar la crítica social, etc. Los hombres no lo hacen por la negativa a repartir los bienes y el deseo de proyectar una imagen  sólida.

•La única actividad que las mujeres consultadas practican con regularidad es ir de compras.

•Entre las principales actividades de ellos y ellas están los deportes, los actos de beneficiencia, hobbies en común, charlar en reuniones y la buena comida.

•Muchos señalaron que a los hijos hombres –desde la adolescencia, sobre todo– no se les debía acariciar igual que a las hijas, por miedo a ocasionar “afeminamiento”.

“El dinero hace vulnerable a la clase alta limeña”

El Comercio

29 de diciembre de 2009

| La socióloga Liuba Kogan pone el dedo en la llaga con el libro “Regias y conservadoras” (prólogo de Rafo León), un estudio pionero del comportamiento de hombres y mujeres de la clase alta limeña, tomando como partida la década de los noventa

Por: Renato Cisneros

SOLO LA “CHINA” TUDELA se había atrevido a echarle un ojo desde adentro al mundo de los ricos: su funcionamiento, sus limitaciones, su gracia, su medianía. Ahora Liuba Kogan, socióloga, doctora en Antropología y comunicadora, proyecta una mirada complementaria desde afuera, con la publicación de un libro capital para quien se interese en comprender cómo actúa y razona el famoso y tantas veces vilipendiado sector A de la ciudad.

¿Por qué decidiste enfocar tu estudio en la clase alta limeña?
Quería hacer un estudio sobre hombres y mujeres, y revisando bibliografía vi que había un montón de estudios sobre clases populares y un poco sobre clase media, pero nada sobre sectores altos. Encontré entonces una oportunidad de cruzar el tema de género con el concepto de clase alta, que era un mundo desconocido, intocado.

Y un poco ridiculizado.
Claro. Eran esos “otros” que normalmente tenían que ser malos, los villanos que, además, no tenían sentimientos. Por ejemplo, la telenovela “Los ricos también lloran” marca un descubrimiento de la humanidad de la clase alta. Yo recuerdo que una vez en la universidad, en Sociales, llegó un médico psiquiatra para hablarnos de salud mental, pero él solo se refería a las clases populares. Yo levanté la mano para decir que en la clase alta también había problemas de salud mental, pero el salón me calló.

¿Crees que existe un antagonismo un poco forzado?
Creo que no se trata ni de mirar apasionadamente ni de denostar a ninguna clase. Los grupos sociales en general son complejos: en cada uno hay buenos, malos y egoístas. Es una tontería hablar de ricos malos y pobres buenos.

¿Qué caracterizó a la clase alta de los noventa, que fue un período de mutación?
La de los noventa fue una clase alta de transición entre lo que venía de antes (remanentes de la oligarquía, grandes apellidos europeos, etcétera) y lo que empezó con Fujimori: un entorno neoliberal que dio paso a nuevas fortunas y a otros grupos sociales que se van haciendo visibles. Ahí aparecen los tecnócratas. Diría que se consolida una clase alta cuya fortuna es de origen transnacional y neoliberal.

¿Al cambiar la clase alta cambió algo en la sociedad?
Bueno, cambió visualmente el espacio urbano, no solo porque aparecieron enclaves como las playas de Asia sino porque también nacieron espacios donde la gente podía juntarse, como bares y restaurantes. Después de la época del terrorismo, donde la gente se resguardó en sus casas, los noventa marcan una salida.

Mencionaste las playas de Asia. ¿Crees que su existencia prueba que la clase alta necesita buscar sus propios márgenes?
Los sectores altos, en cualquier parte del mundo, siempre tienden a buscar la distinción. Ser distintos es fundamental. Y eso tiene que ver con prácticas de consumo, con generar la idea de la exclusividad, de lo VIP, de no estar con la masa de gente.

¿Y no hay espacios de convivencia?
Ahora en Lima hay espacios que son interesantes, como el Circuito Mágico del Agua. Ahí encuentras diferentes clases sociales. Y es muy raro encontrar esos espacios en Lima.

¿Por qué a la clase alta se le hace tan difícil convivir sinceramente con el resto de grupos?
Creo que hay una dificultad para mirar al otro. Hay algo de temor. No son grupos que normalmente miran la calle. De alguna manera tener mucho dinero los vuelve vulnerables, porque les impide “tener calle”, interacción, cierta maña. Esto uno lo ve en los jóvenes de clase alta. Hay en ellos una sensación de peligro. No es que no quieran tener contacto con el otro: es que se sienten vulnerables.

Por otro lado, es una clase que está lejos de ser intelectual
Sí. No ha habido una clase alta, una élite, que genere una representación de nacionalidad desde arriba. A diferencia de otros países, la nuestra no es una clase alta especialmente ilustrada. Hay excepciones, pero su capacidad de entender el país, en su diversidad, es complicada.

En el libro hablas de lo que ocurre en los colegios. ¿Cómo ves la relación de la escuela con los sectores altos?
Antes los colegios (religiosos, solo de mujeres) tendían a dar una visión muy particular del Perú. En su discurso, el marido era el que generaba dinero, mientras la mujer hacía trabajo social por los pobres. Hoy creo que los colegios se están integrando, tienen discursos más modernos. Ya no proponen una visión de la mujer como ama de casa sacrificada.

Sin embargo, todavía persiste en cierto sector una mirada de la vida muy tradicional
Para mi gusto el discurso de la clase alta se ha modernizado. Por ejemplo, tienes el tema de la virginidad: actualmente para la clase alta la virginidad ya no es un valor como antes. El inicio sexual evidentemente preocupa, pero la virginidad ya no.

¿Dirías que hay un avance hacia ideas más progresistas?
Diría que en el plano de las ideas sí hay cambios pero no son radicales. Se sigue manteniendo un conservadurismo fuerte. Aún existe, por ejemplo, la idea de que la hija debe casarse con un “buen partido”. Igual ocurre con la variedad racial, que no se acepta del todo.

¿La clase alta es machista?
El machismo ya no es tan patriarcal pero está sublimado. El solo hecho de darle más permiso al hijo hombre que a la mujer sugiere una forma de control menos frontal pero machista.

¿Y cómo se maneja el control en las playas de Asia, donde todo aparece muy descontrolado?
Es que las juergas en las playas de Asia uno las ve como el bacanal total, pero existe autocontrol. Lo que yo veo ahí son rituales de iniciación de la vida adulta: de una niñez muy cuidada con las nanas a un espacio de adolescencia y juventud temprana, pero cuidado de alguna manera

¿De qué manera?
Porque están cerca. Hay buses que recogen a los chicos y los regresan de madrugada. No es que se vayan a una discoteca de Los Olivos. Hay mecanismos (celulares, amigos, guachimanes) para que todo esté manejado.

Hay buen control pero mala comunicación…
Hay más medios, pero los padres tienen menos tiempo, no están tan presentes. Por otro lado, los padres son tan exitosos en la clase alta que a los hijos les resulta difícil llegar a ellos. Piensa en el hijo de un magnate: no es tan fácil llegar a ese papá.

¿Y esa dificultad es una cosa privativa de las clases altas?
En general, por algunos estudios que he hecho, la comunicación entre padres e hijos es dificilísima en todas las clases. Eso me sorprende tremendamente. Se habla muy poco de la experiencia sensual, emocional, afectiva.

En el libro hablas de la cultura “fitness”. ¿Cómo es la relación de la clase alta con el cuerpo?
Las clases alta y media alta tienen una idea del cuerpo asociada a lo controlado, lo acotado, lo que no se mezcla, lo que no se contamina. La idea de la exclusividad está ahí. La clase alta no busca el cuerpo voluptuoso de la vedette ni el del fisicoculturista, porque esos son cuerpos desbordados, agresivos, que se salen de sí mismos.

Sin embargo, hay tipos de contaminación: el consumo de drogas sintéticas en los “raves”
Sí, pero eso ocurre entre pares. Igual que en los gimnasios, donde la gente suda pero se ve como semejante, a pesar de que la limpieza personal es importante para la clase alta. Por eso en ciertos gimnasios el aire acondicionado siempre está fuerte: para disimular la contaminación física.

¿La limpieza los obsesiona?
Cuando les preguntas a los niños que limpian carros cómo ven a los niños que están dentro de los autos, ellos te dicen “con el pelo limpio”. La limpieza está ligada a la belleza y en ese sentido la clase alta hace permanentes lecturas: “ese está cochino”, “ese apesta”.

¿Los llamados nuevos ricos son parte de la clase alta?
La clase alta es un mosaico en el que hay cierto espacio para los nuevos ricos, que hacen “consumo conspicuo”; es decir, consumen para mostrar lo que tienen. Una clase alta ilustrada disfruta la calidad pero no de modo churrigueresco. En muchos de los nuevos ricos hay, en cambio, una estética “narco”: cadenas, alfombras persas de colores, parlantes enormes. Es una estética huachafa que genera sus propios ricos.

Pero ellos no aparecen necesariamente en las páginas sociales, que es donde se narra la performance de la clase alta
Las fiestas son espacios para reconocerse entre iguales. Ahí la gente va para ver quién es quién y quién está con quién, pero también para entablar vínculos. Parte de lo conservador de la clase alta limeña tiene que ver con privilegiar el gueto, el enclave cultural. Van a las fiestas para ver que “somos los que somos”. Si llega alguien nuevo al círculo, inmediatamente se hacen preguntas respecto de su procedencia.

Esa preocupación no la notas en otros grupos
No. En otras clases la novedad es agradable. Lo conservador de la clase alta radica en su idea de grupo social cerrado. No se admite al otro, al diferente, al medio pobre, al feo, al que no tiene apellido.

¿Hay más racismo ahora?
Hay un tema racial conservador, pero también están cambiando los criterios de admisión al grupo. Piensa en Gastón Acurio, que es una persona racialmente mestiza pero que es aceptada. Diría que se ha ampliado el margen de lo aceptable dentro del grupo de la clase alta. No es solo cuestión de piel ni de rasgos, sino de dinero y de otros ingredientes.

Parecería que no hay tanta aspiración por ser de la clase alta como antes.
Es cierto. A diferencia de lo que pasaba en la época de los noventa, ahora la clase alta se ha vuelto más visible también en el sensacionalismo. La clase alta ya no está tan idealizada. Fíjate en la serie de televisión “Al fondo hay sitio”: ahí los ricos también experimentan la soledad, la infidelidad, el escándalo, la pena.

¿Cuál sería el nuevo ideal de los sectores populares entonces?
Creo que está naciendo algún tipo de orgullo de la gente por ser lo que es.

¿Cuándo se hacen negativas las brechas entre clases sociales?
El problema no es que haya clases asociadas a cierta cultura. El problema de clases aparece cuando se vive sin dignidad y sin respeto por el otro. Y lamentablemente no tenemos una clase ilustrada que esté buscando que la gente se respete.

¿Qué solución más o menos posible le encuentras a eso?
Tengo la esperanza de que los discursos de responsabilidad social empresarial de alguna manera empiecen a generar cierta conciencia ante la pobreza. Esos discursos felizmente ya no son filantropía ni religión. Ahí hay una puerta que se abre para otro tipo de vínculos: ahí la gente escucha al otro, identifica las necesidades de la comunidad y se da un trato digno.

“En el Perú la informalidad es parte de nuestros mecanismos

ENTREVISTA. JARIS MUJICA
El Comercio
27 de septiembre de 2008
 
A través de, por ejemplo, el estudio de la actual explosión en el uso de celulares, el joven investigador explica cómo en el Perú el ámbito de la informalidad hace parte de lo formal

Por Patricia Del Río Labarthe 

El antropólogo Jaris Mujica vivió doce semanas en el cerro Hatary Llacta del barrio de El Agustino y ahí pudo analizar de cerca la lógica del mercado informal de celulares en el Perú. A continuación una reflexión sobre la informalidad y el rol que cumple en una sociedad como la nuestra.

Define informalidad.
Lo informal son todas aquellas prácticas, sistemas y ordenamientos de estructuras locales, económicas y familiares que no funcionan dentro de la formalidad estructural de la ley, ni dentro de los procesos jurídicos y tampoco dentro de lo que debería ser el correcto proceso de un código de ética. 

¿Son prácticas anárquicas?
Existen prácticas informales que pueden ser consideradas anárquicas. Pero dentro de la informalidad económica, encontramos mercados informales amparados por la ley. En Las Malvinas, por ejemplo, algunos te dan recibos, por tu compra, otros vendedores te dan factura o boleta. Son informales, venden artículos robados, pero el sistema los acoge. 

Lo mismo ocurre con el transporte público que paga impuestos a través de la gasolina y al que se le impone multas
Justamente, dentro de lo informal puedes tener formas organizadas de comercio, como la piratería, que es tolerada y consumida por todos los niveles sociales. Encuentras también casos como el del tráfico de información que es aprovechada por grandes empresas cuando necesitan comprar bases de datos.

¿Estamos ante una explosión mundial de la informalidad generada por el mercado consumista o países como el nuestro la favorecen especialmente?
No es que no exista la informalidad en otros países, pero en el nuestro es un elemento con el que aprendemos todos los días a socializar y es parte de nuestros mecanismos formales. Esa es la gran paradoja. En el Perú la informalidad es parte de lo formal. 

¿Por qué se da esta convivencia y retroalimentación entre lo formal y lo informal?
Con la apertura del mercado y la liberalización de la economía se generó una oferta excesiva de celulares, electrodomésticos, tecnología, computadoras, y miles de productos más. Hoy, todos saben que pueden comprar, pero no todos pueden acceder realmente a los productos. Esa es la diferencia entre la oferta, la accesibilidad y asequibilidad.

Explícate…
Teóricamente cualquier ciudadano de este país puede ir a una tienda y comprar una refrigeradora de 5 mil dólares. Nadie se lo prohíbe. Hay entonces accesibilidad para todos. Pero como no todos tienen el dinero para comprarlo no hay asequibilidad.

¿Por qué todos tendrían que consumir todo?
No se trata de un consumismo arbitrario. Las personas de bajos recursos necesitan realmente acceder a estos productos, porque muchos se han hecho parte de su lógica cotidiana. Un elemento como el teléfono móvil, por ejemplo, dejó de ser un gasto superfluo, porque los pobres al vivir de trabajos ocasionales y cachuelos necesitan ser contactados rápido y donde estén. 

Y entonces buscan un celular al alcance de sus bolsillos…
Sí, pero los aparatos de líneas prepago son los que más cuestan en la primera compra. El más barato puede costar 70 soles. Con eso come una familia pobre una semana. Obviamente este individuo va a buscar una opción que le sea asequible, porque las personas de bajos recursos no son pasivos ante la oferta. Si no tienen recursos para comprar lo que les ofrecen, diseñan otras estrategias para obtener el mismo producto a más bajo costo.  

Quienes recurren a esta oferta informal para satisfacer sus necesidades, ¿son conscientes de que están transgrediendo las normas?
No siempre. Muchos consideran que el verdadero ladrón es la compañía de teléfonos, porque el servicio que les ofrecen es muy caro. Ellos asumen que están pagando lo justo. Además, no olvidemos que la gente tiene teléfonos legales e ilegales al mismo tiempo.

¿Cómo es eso?
Un individuo puede ir a Las Malvinas, Paruro o Leticia comprar un aparato y después acercarse a una compañía formal y comprar un chip. En el Perú tú puedes comprar todos los chips que quieras sin restricción, eso no ocurre en otros países.

Y así ‘legalizas’ tu equipo.
La empresa ofrece la posibilidad de que la gente que tiene un equipo ilegal, robado, sea su cliente, porque será dueño de una línea que tendrá que recargar periódicamente. De esta manera se distribuyen los equipos entre clientes que nunca los hubieran podido comprar. Los equipos robados les permiten a las compañías telefónicas colocar más líneas en el mercado sin tener que gastar en distribución.

¿No hay forma de que esta oferta se formalice?
Cuando estas prácticas informales ya no son controlables o cuando el costo del control es más alto que la ganancia que recibe la empresa, dejan de combatirse. Esto hace que la interrelación entre lo informal y lo formal se complejice, pues empiezan a coexistir al punto que algunas empresas no pueden subsistir en la formalidad si no se apoyan en prácticas informales. Hoy, por ejemplo, muchos más peruanos tienen celulares. ¿Cuántos de ellos son de origen informal? Yo calculo que alrededor del 20%. No hay entonces una verdadera apertura de mercado. La democratización del acceso al mercado se sostiene gracias a este espíritu de dejar hacer a la informalidad. 

¿Cuál es la diferencia entre esta informalidad que describes y la que analizó Hernando de Soto hace veinte años en “El Otro Sendero”?
El trabajo de De Soto como el de otros que han analizado el fenómeno informal se ha centrado en la posesión de la tierra: hay que formalizar esta propiedad inmueble para que las personas logren entrar al sistema, esa es la propuesta. Pero las cosas han cambiado mucho. La informalidad ha excedido la propiedad del lote o la tierra. Ahora está en bienes que no se van a formalizar nunca. Hacer que la gente legalice sus teléfonos móviles para entrar en el sistema es un sinsentido, porque con ese teléfono móvil ya están en el sistema. Es mas gracias a él han accedido al sistema.

¿La informalidad es inclusiva, entonces?
Las personas que consumen y compran en el mercado informal no lo hacen para quebrantar el Estado de derecho o destruir la economía. Ellos quieren trabajar, quieren estar dentro del sistema, quieren participar de las dinámicas del mercado, pero justamente para poder trabajar necesitan un teléfono comprado en el mercado negro.

¿Aquellos peruanos que tienen preferencias por candidatos ligados a la izquierda, que manifiestan severas críticas a este modelo de libre mercado, sí buscan salirse de este sistema?
Un traficante de Puno no es precisamente un antisistema. Está utilizando todas las leyes del mercado, conoce la oferta y demanda, los sistemas de acumulación de stock. Lo que la gente está demandando no es que se destruya el sistema actual, sino tener más asequibilidad a las posibilidades que el mundo ofrece. Hoy tenemos un porcentaje alto de personas que viven en la pobreza que no pueden acceder a esos elementos. Y no me refiero solo a bienes (celulares, DVD, televisores) sino a la posibilidad de ser personas.   

¿Por qué gobiernos como este o el anterior no han logrado incluirlos?
El problema de la economía liberal es que las personas están en segunda instancia. Se les dice a los pobres en algún momento les llegará, pero por ahora no. Y como no les llega la posibilidad de consumir, ellos consiguen lo que quieren por la vía de la informalidad.

¿En este nuevo contexto de interrelación entre lo formal y lo informal, cuál debe ser el rol del Estado?
Siempre hemos demandado del Estado que se encargue de hacer que la informalidad entre en el sistema, y nos olvidamos de que el Estado también debe regular la oferta para que sea asequible a más personas. Esta doble función nunca puede ir divorciada porque ahí sí se pueden generar terribles conflictos.   

¿Por qué?
Porque si a la gente le cortas la posibilidad de acceso al sistema, vía la informalidad y la ilegalidad, y no le ofreces opciones para hacerlo formalmente, vas a generar guetos sociales o individuos totalmente violentos dispuestos a volarse un sistema del que no forman parte. Las lógicas informales son entonces válvulas de escape que producen un equilibrio perverso, pero equilibrio al fin y al cabo. 

LA FICHA
Nombre:
Jaris Mujica.
Nacimiento: Lima, 1981.
Trayectoria: Magíster en Ciencia Política y Licenciado en Antropología de la PUCP. Ha sido profesor invitado en la UNMSM.
Publicaciones: “El mercado negro y las estrategias informales de acceso a la telefonía móvil” (2008), “Economía política del cuerpo” (2007). Ha publicado numerosos artículos de investigación en el Perú y el extranjero.

¡Habla, vas!

CRÓNICA. PALABRA DE TRANSPORTISTA

La curiosa ruta de las jergas

11 de octubre de 2009

El Comercio

Desde la aparición de las combis en la ciudad en los noventa, los choferes, cobradores y dateros han ideado una nueva forma –creativa, breve y eficaz– de comunicarse entre sí

Por Alberto Villar Campos 

Ajeno a los artificios del buen comer, Julio Barboza engulle una pierna de pollo, sentado en un paradero de la avenida Brasil, mientras espera sin ganas el próximo bus que lo obligue a pararse. Es el mediodía de un lunes pleno de remezones políticos, pero eso a él poco le importa: lleva 20 años trabajando en las calles de la ciudad, ha sido cobrador y conductor de combis, y ahora se dedica al enredado oficio de dar información a los choferes que trabajan para la línea 91. Julio es datero y en vez de ‘jerga’ –quién sabe por qué– dice ‘juerga’. 

“¿Cómo va?”, le pregunta un cobrador mientras apura a dos personas que intentan subirse a su carro sin caerse. “Planchado, tienes 6 minutos”, le dice. Y agrega: “Ya pe, chorrea…”. “A la vuelta, a la vuelta…”, le responde. 

Julio aprendió a seguir la corriente y la jerga de su grupo la entiende a la perfección: le ‘chorrearán’, o sea, le pagarán los 20 céntimos por dato después y no ahora. “Según con quién te cruces, hablarás”, reza el dicho de este fofo datero de 46 años. 

ECONOMÍA DEL PALABREO
Un viaje en combi puede ser un martirio y, a la vez, un descubrimiento: durante años, hemos seguido las variaciones del lenguaje de los transportistas, desde el célebre “habla, ¿vas?”, hasta el desconcertante ’sopa’, que describe cuando en un vehículo la gente va de pie. ¿Es posible saber cuándo nació esta jerga? 

Julio Hevia, psicólogo, comunicador y autor de “Habla, jugador” –un libro en el que se analizan los cambios que ha experimentado el habla en el país–, sostiene que, aunque es materialmente imposible consignar una fecha precisa, todo fenómeno coloquial emerge a partir de las necesidades colectivas. 

“En la medida en que el transporte limeño depende masivamente de las combis, se hace necesaria la creación de un sociolecto que aspire a reducir al mínimo malentendidos y ambigüedades entre usuarios y ofertantes (…) En la jerga, al igual que en el español castizo, ‘lo bueno, si breve, dos veces bueno’”. 

Tiene razón: los diálogos entre un chofer de un bus o una coaster y su cobrador se limitan actualmente a ciertas palabras que parecen resumir una idea extensa y aburrida: ‘plomo’, en alusión a lo pesado, es aquel pasajero que va desde el primer paradero hasta el final; un ‘chantón’ es el conductor que retrasa su marcha para aprovechar y recoger la mayor cantidad de pasajeros posible en su vehículo; y ‘pisa’ es lo opuesto… “Acelera, compadre, si no, nos ganan la carrera”. 

Al igual que los apodos –’Papillón’, ‘Serrucho’ y ‘Leo Dan’ son los que utiliza a diario Julio, el datero– y los chistes, las jergas requieren de la aprobación de una masa antes de ser exitosas (en este caso, en las rutas), tal como refiere Fedor Larco Degregori, psicólogo y autor del “Diccionario de la jeringa peruana”.

JERGAS EN BUEN CRISTIANO
No obstante su aparente complejidad, es posible hallar cierta relación entre las palabras que usan ahora los choferes, cobradores y dateros, y otras usadas tiempo atrás. Hevia, por ejemplo, señala que ‘planchado’, con la que se designa a un vehículo que lleva solo pasajeros sentados, evoca la expresión ‘planchaba’ de mediados del siglo XX, con la que la juventud de entonces calificaba a la chica que, “por limitaciones estéticas o extremada timidez, no bailaba ni una sola pieza en el quinceañero de antaño”.

‘China’ (la moneda de 50 céntimos), ‘caña’ (el chofer) o ‘apéguese’ (esa bizarra manera de pedirle al pasajero que haga espacio en el vehículo para que entren otros) configuran así este lenguaje que, un paso más allá de la curiosidad, engloba la creatividad de quienes a diario surcan esta selva de concreto que es nuestra capital.

AL GRANO
4“Nos definimos a través del lenguaje”*
¿Qué es la jerga?
El concepto técnico de la jerga es una lengua de grupo y su origen data de las lenguas de los delincuentes del siglo XVI. Su característica es que es usada por grupos que buscan identificarse entre sí y excluir a quienes no forman parte de él. 

¿Y cómo se crea?
Debe haber un grupo de personas que se dediquen a una actividad común, con vínculos familiares, amicales o sociales, o que tengan necesidades expresivas propias. 

¿Existen tiempos de vida para las jergas?
La lengua es un sistema en constante evolución que se modifica según los patrones de vida de los hablantes. Por ello, no se sabe si ‘clic’ pasará de moda o no. Lo que sí es seguro es que necesitamos palabras que no solo nos permitan comunicarnos sino que, además, sellen una identidad, porque nosotros nos definimos a través del lenguaje.
* Agustín Panizo Jansana. Lingüista y lexicófrago

Renacer de “Los Mirlos”

ENTREVISTA. JORGE RODRÍGUEZ GRÁNDEZ

“Siempre estuvimos vigentes”

El Comercio

11 de octubre de 2008

El grupo de cumbia Los Mirlos toma por asalto escenarios impensados y conquista a un nuevo público. Su director y fundador cuenta una historia que empezó en 1973

Por Manuel Marticorena Solís 

El grupo de cumbia Los Mirlos es el que, según su fundador, tiene el mayor alcance internacional y forma parte –junto a Juaneco y su Combo– de los grupos selváticos que perviven por su forma particular de hacer un tipo de cumbia que expresa todo el poder verde de la Amazonía y que se ha puesto de moda en discotecas de gente joven en la ciudad. Jorge Rodríguez Grandez, que fundó esta agrupación en Moyobamba en 1973, cuenta cómo la agrupación se mantuvo vigente estos 35 años.

¿Cuál fue la época dorada de la cumbia amazónica?
Estamos hablando de los años 1973 a 1975, cuando aparecieron grupos amazónicos como Juaneco y su Combo, Sonido 2000 de Tarapoto, Los Tigres y, claro, Los Mirlos. Todos son de mi época. En nuestro caso, desde que aparecimos comenzamos a gustar. Primero tuvimos temas instrumentales, después les pusimos algunos coros. Eran canciones dedicadas a nuestra tierra. Por ejemplo: “Ruge la selva”, “El poder verde”, “Fiesta en la selva”, “Lamento en la selva”, etc. Después llegó “Eres mentirosa” y “Amor, tierno amor”. 

[En realidad Rodríguez tiene la esencia de la selva en todo lo que proyecta. Lleva decenas de años en Lima y mantiene con orgullo su acento charapa. Tiene un programa radial dedicado a Los Mirlos, dentro de un bloque de música selvática que dura cinco horas en radio Fiesta. La movida amazónica fue impresionante, según el sociólogo Santiago Alfaro, estudioso del fenómeno de la cumbia. Indica que hubo un centenar de grupos selváticos en los años setenta, aunque claro, no todos tuvieron éxito. Ese no fue el caso de Los Mirlos.]   

¿Cuántos discos grabaron durante todo este tiempo?
Tenemos treinta discos, algunos en long play y otros en CD.  

¿Cuál ha sido su mayor éxito?
Para mí, mantener el nombre del grupo en un buen nivel: ni muy arriba, ni muy abajo. Porque a pesar de que llegaron corrientes musicales con fuerza como la tecnocumbia, que tuvieron apoyo, nosotros seguimos sonando. 

¿Nunca sintieron que pasaron de moda?
Nunca. Siempre he tenido contratos y eso es lo más importante. Mi teléfono, el 481-1156 (comercial de por medio), siempre ha sonado. Hemos seguido tocando en matrimonios y aniversarios de instituciones. No hemos dejado de tocar ni de estar de gira en el extranjero, siempre estuvimos vigentes, no es que estemos reapareciendo. 

¿Ahora cobrarán un poco más ya que están tocando para jóvenes con mayor poder adquisitivo y en locales de moda?
Mi tarifa siempre la he mantenido para dar un buen pago a mis trabajadores, siempre he sabido valorar mi trabajo. 

Santiago Alfaro señala que el grupo Los Mirlos está ampliando su mercado porque está tocando para una clase media ávida de nuevos ritmos y de esencias distintas. “Están saliendo de su mercado tradicional”, sostiene. Algunos han señalado que están ‘pituqueando’ la cumbia, lo cierto es que varias veces ya han tocado en La Noche de Barranco. Grupos de rock comprometidos con el mestizaje de los ritmos, como Bareto, La Sarita y Barrio Calavera (que son los artífices de que la cumbia se haya metido de contrabando entre los jóvenes y agrupaciones renuentes a ella), los han elogiado públicamente y los han invitado a tocar con ellos.   

¿Qué siente cuando son jóvenes los que disfrutan de su música?
Me emociona mucho porque a lo mejor sus papás bailaron con Los Mirlos y ya no van, pero sus hijos sí. Está yendo otra generación. 

¿Cómo llegaron a tocar en Barranco?
A nosotros nos contactó Barrio Calavera, un grupo de rock que quería fusionar nuestras canciones. Tocaron con nosotros en febrero en la Noche de Barranco, estuvimos con la juventud y fue espectacular, los hacíamos saltar como conejos. De verdad, fue bonito, porque todos querían participar, es un público que nunca ha escuchado en directo esta música y les llama la atención.

Una cosa es escucharla en una combi y otra en vivo.
Claro es otro tipo de experiencia, se vive el calor de la fiesta, es interesante de verdad.

¿Estamos en proceso de fusión del rock con la cumbia?
No lo sé, a lo mejor recién estamos empezando, los grupos de rock cantan y tocan las canciones de Los Mirlos a su estilo y está bien, lo bueno es que ellos reconocen nuestro trabajo, se refieren a nosotros como los maestros.

¿La cumbia será pasajera ?
Todo depende de los músicos. Pero ahora hay más apoyo, fíjate cuántas radios tocan cumbia, nunca me lo hubiera imaginado. Claro que muchas apoyan a los grupos que se matriculan (pagan), a mí me gustaría escuchar por ejemplo a Los Pakines en esas emisoras, hay discriminación en ese aspecto. ¿Cuánto ganarían poniendo a Los Mirlos en las radios? De repente no lo ponen porque piensan que no vamos a tener pegada con los jóvenes y nosotros hemos demostrado que eso no es así, estamos retornando a la Noche de Barranco y al Saquara de San Isidro.  

[Estamos sentados con Jorge en la sala de su casa. Arriba hay un hostal de su propiedad. No soy un experto en el tema, pero entre sus canciones recomendaría "Lamento de la selva", la "Danza del petrolero" y "Eres mentirosa". Los que sí son expertos dicen que al escuchar sus temas reconocen el estilo de Los Mirlos. Román "El ronco" Gámez, conocedor del género, dijo alguna vez en su programa radial que los grupos cumbiamberos tocaban canciones bonitas, pero que al oírlos no distinguía cuál era cuál, en cambio al escuchar una melodía de Los Mirlos identificaba al grupo inmediatamente. Rodríguez explica que es por un efecto especial en la guitarra que les da un color propio.] 

¿Se puede vivir de la música?
Bueno, si trabajas bien y eres disciplinado, sí. 

El grupo forma parte de un negocio: el musical. ¿Qué hace para mantenerlo?
Tengo a mis dos hijos en el grupo, Jorge Luis y Rogger. Al primero le gusta la música, domina todos los instrumentos, me está secundando y se ha identificado con la cumbia amazónica.

¿Sus hijos son de la selva?
No, pero tienen raíces selváticas y en algún momento asumirán la conducción del grupo.  

¿No cree que si asumen la conducción es como si los hijos de los Beatles tocaran con el nombre del grupo de sus padres?
He pensado en eso, también lo he conversado con mis hijos, pero el día en que yo me muera quienes harán las cosas más originales a mi estilo serán ellos. Es lo mismo que ha pasado con otras agrupaciones. Imagínate que yo desapareciera, se acabaría todo lo que he construido. Prefiero que se transmita de generación en generación.   

[El grupo tuvo un alcance internacional, Jorge Rodríguez muestra innumerables recortes periodísticos de Ecuador, Colombia y Argentina. En este último país Los Mirlos participaron en una película. "Nosotros no vamos a tocar para la colonia peruana, tocamos para los argentinos", señala. También afrontaron épocas negras que Rodríguez prefiere olvidar, quizá parte de estas sea su "cumbia thriller" que en realidad es de espanto. 

Muchas cosas quedan en el tintero: los discos de platino que obtuvieron y cuyas letras cantaron en Colombia ante 20.000 personas, así como las dos 'huambrillas' que ahora colorean su espectáculo. Todo forma parte de la historia que cada semana siguen construyendo Los Mirlos.] 

LA FICHA
Nombre: Jorge Rodríguez Grández.
Cargos: Director y fundador del grupo Los Mirlos, presidente del comité de vigilancia de la Asociación Peruana de Autores y Compositores.
Edad: 60 años.
Casados: Cinco hijos.
Profesión: Profesor cesante.
Hobby: Su familia.

La hora de Tongo

La República

Abelardo Gutiérrez está por estos días en el pico más elevado de su popularidad. Es la imagen de una campaña publicitaria de Telefónica, gana miles de dólares por concierto y ahora sueña con tener un programa propio en la tele. Tongo cae bien en cualquier lugar de Lima, popular o elitista. La gente se ríe de él y con él, y tiene la correa lo suficientemente ancha para torear las bromas. Carismático y figuretti, aunque este último término no le guste mucho, se ha convertido en uno de los personajes más populares de la farándula local. 

Por Nilton Torres V.
Fotos Claudia Alva

   

 “Lo que yo hago es la auténtica chicha. Con algunos toques modernos, letras contemporáneas, pero en esencia es la chicha, la verdadera”, dice Tongo con esa personalidad que lo ha convertido es un ícono de la cultura popular peruana.

Y Tongo lo sabe.

Él es consciente de que ha logrado calar en la gente no sólo por sus composiciones simplonas pero pegajosas, sino por esa pulida inocencia de la que hace gala. “Yo me hago el tonto. Cuando estoy con Bayly, él hace bromas, y yo dejo que se ría de mí. Pero me hago, no soy cojudo”, dice con esa sapiencia del que se ha desahuevado en la capital.

El cholo Tongo, aquel de la coleta de caballo y cabello iluminado con rayitos castaños, se ha convertido en imagen de Telefónica del Perú –para la telefonía pública–, sus bonos han subido y si antaño el bolo por presentación, con grupo incluido, alcanzaba apenas los 1,500 soles, hoy –según entendidos de la música popular– este llega a los tres mil dólares. Tongo no niega ni confirma este trascendido, y lo único que dice al respecto es que todo lo que ha logrado es fruto de su perseverancia.

“He llorado lágrimas de sangre para llegar a donde he llegado, y te juro, hermanito, que la popularidad no me ha mareado. ¿La clave del éxito? Trabajar, creer en Dios, estar con una sola mujer y compartir con los hijos todo lo que se gana”, dice Tongo, quien tiene una historia de vida que cumple con todos los requisitos de algunas de sus composiciones, en las que el niño pobre y sufrido se hace hombre y empieza a alcanzar sus sueños.

Sufre, Tongo, sufre…

 
 

“Cuando nací mi padre no me quiso firmar. Mi madre tuvo que meterlo preso para que me firme, pero luego de hacerlo desapareció”. Doña Florencia Alanya, con su hijo en brazos, vendía helados en la puerta del Cine Real de Huancayo.

 

Tongo está por todos lados. Basta con mirar cualquier cabina de telefóno público para toparse con la rolliza estampa de este cantante de chicha que, luciendo brillantes y coloridos ternos, aparece haciendo muecas que acentúan su desenfado. Así es Abelardo Gutiérrez Alanya, un huancaíno de 47 años recién cumplidos que hace 28 se dedica a cantarle al pueblo con esa voz de serrano plañidero que caracteriza su estilo musical.Allí conoció a un nuevo hombre, Zenón Maldonado, quien recorría la ciudad ofreciendo fotos de Miguel Aceves Mejía, Javier Solís y Pedro Infante. ¿Una premonición? Tongo se confiesa admirador de estos íconos de la música mexicana y dice que siempre soñó en ser como ellos algún día.

Con Abelardo de un año, emigraron a la capital y aquí se instalaron en las faldas del cerro San Cosme, en el corazón de La Victoria, donde vive hasta el día de hoy. Estudió la primaria en el colegio Jesús Obrero y allí fue sacristán de la capilla y miembro del coro. “Al costado de mi colegio, en la calle Bolívar, vivía Chacalón, allí lo conocí”, dice el cantante.

Tongo, como buen hijo único, ayudaba a su madre a vender verduras en el mercado, y también fue canillita y lustrabotas. La secundaria la hizo en el colegio Pedro A. Labarthe, y, como ya ha contado en muchas ocasiones, fue allí donde se gestó su éxito “La Pituca”. Pero antes de llegar a esa canción, Tongo compuso muchas otras.

“Siempre me gustó cantar y escribir canciones. Lo hacía de oído porque no estudié música”. Y si bien eran las rancheras y las canciones de Leo Dan las que lo hacían soñar con convertirse en cantante, su estilo difería mucho del de sus maestros. Lo suyo era ese huayno transformado por la migración, la chicha.

La primera grabación que hizo fue con el grupo Kiwishow. “No seas mala”, fue la primera canción –grabada en Infopesa– que compuso e interpretó en 1979, cuando tenía 18 años. “Era un disco de 45. Una canción ahuaynada, era chicha y antes de que aparecieran Los Shapis, el grupo Alegría. Lo tocaban en Radio La Crónica, Moderna, Unión. Fue un golazo”, dice Tongo con ese triunfalismo tan propio de él.

Y dice más: “Todo el mundo se preguntaba quién era ese serrano borracho que cantaba tan bien”. Y ese era el estilo que Tongo estaba perfilando, el lacrimógeno, del que sufre y ahoga sus penas en un vaso de cerveza. Cambia de grupo y llega a Los Galax de San Juan de Miraflores, y en 1981 funda su propia agrupación: Imaginación. Allí empezó su periplo como director y cantante, y aparecieron sus otros éxitos: “Falsedad”, “De cantina en cantina”, “Navidad de un preso”, “Tu retrato”, “Me cansé de esperarte”, “Sueño de amor”, “Triste huerfanito”.

“Todas mis canciones eran éxitos antes de que la chicha se ponga de moda”, dice Tongo, que en esos años formaba parte del montón de intérpretes de la cumbia andina que intentaban hacerse un sitio en la capital.

A finales de los noventa el voluminoso cantante empezó a hacerse notar entre las masas.

Caída y retorno

El evento fue un fracaso y el cantante fue acusado de haber lucrado con el dolor ajeno. En su defensa Tongo argumentó que lo recaudado apenas alcanzó para pagar los costos del fallido concierto. El Ministerio Público abrió una investigacion de oficio y por consiguiente los contratos dejaron de llegar.

“Durante dos años dejé de cantar y como había que alimentar a la familia, salí con mi esposa a vender mis discos a la calle. Alguna gente de la farándula me veía y se reía de mí, pero yo vendía mi música y pude seguir vigente”. Cuando el Ministerio Público determinó que no tenía ninguna responsabilidad,

Tongo retomó su carrera y poco a poco volvió a ganar terreno, y no fue hasta el verano del 2006, con su pituca en ristre, que llegó a las playas del sur y luego, cuando graba su popularísima versión en inglés, llega al YouTube, se convierte en el caserito del programa de Jaime Bayly, y las discotecas de Larcomar y Asia le abren sus puertas.

“Es un triunfo haber llegado a esas discotecas. De entre todos los chicheros soy el único que ha cantado en lugares pitucos, en casa de ministros, de gente de mucho dinero”, dice Tongo.

En julio de este año viajó a los Estados Unidos para presentarse ante 20 mil personas en New Jersey, y hace unas semanas estuvo presente en el “Festival Mundial de la Cumbia”, donde compartió cartel con Lizandro Mesa y Los Ángeles de Charly de México. Algunos medios informaron que Tongo fue abucheado, y él jura y rejura que no es verdad.

Pero también jura que jamás ha hecho payasadas para ser popular, y menos se considera un figuretti capaz de hacer cualquier cosa con tal de hacer noticia. “A mí me llaman. Siempre he ido invitado a los programas de televisión, porque cuando yo salgo en pantalla la gente se pega”, dice con poca modestia y cuando se da cuenta, Tongo advierte que no es que se crea lo máximo, sino que esa es la verdad. “Es mi carisma lo que hace que le guste a la gente”. Y basta verlo en la calle para que lo dicho se confirme. Le pasan la voz, se toman fotos con él y le piden autógrafos.

Tongo para rato

En la arenita estoy solito pensando en tu amor, en la arenita estoy, y las olas me despiertan… ensaya Tongo. “Aún estoy trabajando en las letras y en la música”, dice.

Hasta diciembre Tongo tiene contrato con la Telefónica y, por ello, dice, debe ser mesurado en sus declaraciones y presentaciones, lo que de alguna forma lo puede estar preparando para el cumplimiento de su próxima gran meta, un programa propio.

Un espacio que sirva para mostrar su faceta de showman, ya adelantada en sus performances televisivas, y que sirva para descubrir nuevos talentos de la música, la comicidad y el vedetismo.

“Ojalá se anime algún productor, algún canal, a darme la oportunidad. Sería un golazo. No hay pierde”, dice el cantante, quien aspira a convertirse en una especie de Don Francisco o quizá en el nuevo Augusto Ferrando de la televisión peruana.

“Yo veo a otros artistas que hacen programas y no tienen carisma. Yo sé que haría un programa bueno”, y eso que llama carisma es el potencial que este robusto huancaíno esgrime como currículum. Y es que Tongo tal vez no les caiga bien a todos, pero sí a aquellos que, como él, llegaron a la gran ciudad con la esperanza de conquistarla, y él lo está logrando.

25 años juntos

Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer; y en el caso de Tongo, Gladys Lupinta, su compañera, manageer y madre de sus hijos, es esa mujer que lo acompaña en todo momento. Se conocieron cuando Tongo conducía un programa de radio “El super show de Tongo” y convocó a un concurso para ver quién interpretaba mejor una de sus canciones, “de cantina en cantina”. Gladys llamó, cantó y ganó. Tongo la invitó a formar parte del grupo Imaginación y allí se enamoraron. Fruto de ese amor son los siete hijos que tienen: María Luisa, Fiorella Linda, Brenda Gladys, Abelardo Alexander, Madeleine Lisette, Cinthia Estrella y Jesús. “Mucho me preguntan qué hago con el dinero que gano, pues todo es para mis hijos.

Unos están en la universidad y otros terminando el colegio. Quiero que ellos estudien y sean más que yo”, dice Tongo, quien asegura no solo ser un padre feliz, sino un esposo afortunado. “Me saqué la lotería con mi mujer”, afirma.

 
 

Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y en el caso de Tongo, Gladys Lupinta, su compañera, manager y madre de sus hijos, es esa mujer que lo acompaña en todo momento. Se conocieron cuando Tongo conducía un programa de radio “El súper show de Tongo”, y convocó a un concurso para ver quién interpretaba mejor una de sus canciones, “De cantina en cantina”. Gladys llamó, cantó y ganó. 

 
 

A pesar de que la diabetes emocional que padece a veces le juega malas pasadas, Tongo continúa en la brega y anuncia que está trabajando en sus próximos nuevos hits del verano 2009. “Sorry”, una canción que cuenta la historia un chico que no sabe cómo deshacerse de una chiquilla que lo persigue y que a él no le gusta, y “La arenita”. 

 
 

Los programas de cumbia lo invitaban a cantar “La pituca”, y era un abonado de los desaparecidos talk shows, pero Tongo quería más. Viajó a la Argentina y de regreso compuso aquel himno del migrante llamado “Sufre, peruano, sufre”. Pero la noche le llegó a Tongo cuando luego de la tragedia de Mesa Redonda – diciembre del 2001–, el voluntarioso chichero decidió organizar un concierto a beneficio de los familiares de los fallecidos.

Nuestra Cumbia Chola Desafía al Mercado del Dolor

05 de agosto de 2009

Extraído del blog Se Busca Cholo por Chuto

Además del sexo, la información y la moda, el dolor humano es, quizás, uno de los pilares más emblemáticos en el que se regodea nuestro generoso mundo comercial. El dolor, el morbo, el enlodamiento emocional es lo que vende. Y más aún si se escoge entre el tsunami de tristezas aquella producida por el amor. Históricamente ha sido siempre así, claro, y la literatura de todas las épocas así lo comprueba, pero a diferencia de antes, el lagrimeo crónico es hoy un mercado del consumo, y no sólo una expresión artística.

La música y sus canales de producción y reproducción encontraron parasitariamente en el Pop Occidental y en la Balada Romántica Hispana sus Wawawasis del Dolor perfectos para recrearse por todas la vías auditivas posibles. Luis Miguel, Lucerito, Ana Gabriel, Daniela Romo, Ricky Martin, Reik, Sin Bandera, Arjona, Alejandro Sanz y sus símiles han recorrido los 80s, 90s y 00s con su fusilante desparpajo de letras autoflageladoras que inspiran a los dolidos en el amor, a empinar el codo, a huir del país, a renunciar al trabajo o aventarse por los puentes. Uf. Si hiciéramos un balance de canciones que cantan a la perdición frente a los que cantan al amor eterno, los primeros -ciertamente- aventajarían a los últimos. La alegría, pues cholegas, no vende igual.

Pero, ¿es posible desafiar musicalmente al mercado de dolor de esta choledad? Dina Paúcar y Sonia Morales nos cantan con nuestro folclor a un hermoso y cadencioso discurso de la tristeza que arrastra inmediatamente a sonreír pero también a llorar por el maldito amor perdido.

Sin embargo, hay quienes se enfrentan actualmente al mercado del dolor, y con total descaro elegante: nuestras voces de la cumbia

“pero vas a volverme a buscar / y te advierto que voy a vengarme / Vas a besar el suelo por Dios te lo juro / vendras a perdirme perdon y no dudo que mendigaras por un beso de mis labios / Se que voy a gozar cuando vengas llorando / me voy a burlar de ti al verte arrastrando / te arrepentirás de haberme conocido / porque hoy me declaro tu peor enemigo /Y lo que te mereces por abandonarme es que al volver te mande a / llorar a otra parte

“Hasta aqui tu nomas llegaste / no quiero saber mas de ti / arranca nomás cholito / vete de mi lado te doy yo 30 segundos / para que sacas tus chivas / arranca nomás cholito / si no te saco la conciencia sucia”

Estos hombrecitos enternados y cholas bien power (Grupo 5, los Hermanos Yaipén, los Caribeños de Guadalupe, y también lo hacía Armonía 10, Rossy War, Marisol, etc.) no le cantan al bobo afligido, cholegas, no. No tienen que buscar la dignidad en los escombros de la derrota amorosa, sino que la izan cual bandera de Leysi y se la restriegan en la cara a la tristeza, no se permiten sucumbir, y eso es un lujo inspirador para una choledad donde sufre, peruano, sufre se estaba convirtiendo en una consigna de resignación nacional. La cumbia está gritándonos en la oreja que Tongo se equivocó.

“Ojalá que te mueras / Que tu alma se vaya al infierno / Y que se haga eterno tu llanto / Ojala pagues caro el haberme engañado / Aun queriendote tanto / Que todo tu mundo se quede vacio / Ojala que cada gota de llanto / Te queme hasta el alma / Ojala que no encuentres la calma / Ojalá que te mueras

Claro, esta suerte de resiliciencia reloaded se les va de la mano ida y vuelta ya que el escudo emocional que proyectan los convierte en unos descarados monumentales que no dudan en cantarle a la trampa para que no destruya su familia o meterse con la novia del mejor amigo. El precio de la sobre-dignidad los convierte, muchas veces, en ahorradores de dolor propio pero productores de dolor ajeno.

amor pirata / y olvidaré, es un pecado mortal / que a la mujer de un amigo se debe respetar / Amor pirata / amor de contrabando / amor ilegal / amor de unas horas / que todo devora / en un cuarto de hotel”

“esto no puede dañarte / ni puede arruinar mi hogar / por eso olvídame tú / adiós amor

Lo que no signifca que la cumbia no le cante al amor (Motor y motivo, Me enamoré de ti y qué, el embrujo). Pero el giro es realmente abrumador: cuando se ama, se ama bien. Cuando se pierde un amor, no se permite sufrir sin salvar la dignidad. A fin de cuentas, en el dolor, hermanos, así que ni siquiera sería posible sufrir solo o que “Levante la mano quien no lloró un amor“.

Ahora me rio de ti / Tendria que llorar por ti / Pero no ve estoy riendo de ti”

Y hoy te vas, te vas, te vas, te vas / Pero se que por algo me has de recordar / Quizás con el, me has de comparar / No creo ser mejor, fui diferente nada más”

Cholegas, ¿no es increíble cuánto nos dice nuestra choledad musical sobre la manera como vivimos el triunfo y la derrota? La cumbia nos está diciendo más cosas que las que cantamos y bailamos hasta las 6 de la mañana.