Nuestra Cumbia Chola Desafía al Mercado del Dolor

05 de agosto de 2009

Extraído del blog Se Busca Cholo por Chuto

Además del sexo, la información y la moda, el dolor humano es, quizás, uno de los pilares más emblemáticos en el que se regodea nuestro generoso mundo comercial. El dolor, el morbo, el enlodamiento emocional es lo que vende. Y más aún si se escoge entre el tsunami de tristezas aquella producida por el amor. Históricamente ha sido siempre así, claro, y la literatura de todas las épocas así lo comprueba, pero a diferencia de antes, el lagrimeo crónico es hoy un mercado del consumo, y no sólo una expresión artística.

La música y sus canales de producción y reproducción encontraron parasitariamente en el Pop Occidental y en la Balada Romántica Hispana sus Wawawasis del Dolor perfectos para recrearse por todas la vías auditivas posibles. Luis Miguel, Lucerito, Ana Gabriel, Daniela Romo, Ricky Martin, Reik, Sin Bandera, Arjona, Alejandro Sanz y sus símiles han recorrido los 80s, 90s y 00s con su fusilante desparpajo de letras autoflageladoras que inspiran a los dolidos en el amor, a empinar el codo, a huir del país, a renunciar al trabajo o aventarse por los puentes. Uf. Si hiciéramos un balance de canciones que cantan a la perdición frente a los que cantan al amor eterno, los primeros -ciertamente- aventajarían a los últimos. La alegría, pues cholegas, no vende igual.

Pero, ¿es posible desafiar musicalmente al mercado de dolor de esta choledad? Dina Paúcar y Sonia Morales nos cantan con nuestro folclor a un hermoso y cadencioso discurso de la tristeza que arrastra inmediatamente a sonreír pero también a llorar por el maldito amor perdido.

Sin embargo, hay quienes se enfrentan actualmente al mercado del dolor, y con total descaro elegante: nuestras voces de la cumbia

“pero vas a volverme a buscar / y te advierto que voy a vengarme / Vas a besar el suelo por Dios te lo juro / vendras a perdirme perdon y no dudo que mendigaras por un beso de mis labios / Se que voy a gozar cuando vengas llorando / me voy a burlar de ti al verte arrastrando / te arrepentirás de haberme conocido / porque hoy me declaro tu peor enemigo /Y lo que te mereces por abandonarme es que al volver te mande a / llorar a otra parte

“Hasta aqui tu nomas llegaste / no quiero saber mas de ti / arranca nomás cholito / vete de mi lado te doy yo 30 segundos / para que sacas tus chivas / arranca nomás cholito / si no te saco la conciencia sucia”

Estos hombrecitos enternados y cholas bien power (Grupo 5, los Hermanos Yaipén, los Caribeños de Guadalupe, y también lo hacía Armonía 10, Rossy War, Marisol, etc.) no le cantan al bobo afligido, cholegas, no. No tienen que buscar la dignidad en los escombros de la derrota amorosa, sino que la izan cual bandera de Leysi y se la restriegan en la cara a la tristeza, no se permiten sucumbir, y eso es un lujo inspirador para una choledad donde sufre, peruano, sufre se estaba convirtiendo en una consigna de resignación nacional. La cumbia está gritándonos en la oreja que Tongo se equivocó.

“Ojalá que te mueras / Que tu alma se vaya al infierno / Y que se haga eterno tu llanto / Ojala pagues caro el haberme engañado / Aun queriendote tanto / Que todo tu mundo se quede vacio / Ojala que cada gota de llanto / Te queme hasta el alma / Ojala que no encuentres la calma / Ojalá que te mueras

Claro, esta suerte de resiliciencia reloaded se les va de la mano ida y vuelta ya que el escudo emocional que proyectan los convierte en unos descarados monumentales que no dudan en cantarle a la trampa para que no destruya su familia o meterse con la novia del mejor amigo. El precio de la sobre-dignidad los convierte, muchas veces, en ahorradores de dolor propio pero productores de dolor ajeno.

amor pirata / y olvidaré, es un pecado mortal / que a la mujer de un amigo se debe respetar / Amor pirata / amor de contrabando / amor ilegal / amor de unas horas / que todo devora / en un cuarto de hotel”

“esto no puede dañarte / ni puede arruinar mi hogar / por eso olvídame tú / adiós amor

Lo que no signifca que la cumbia no le cante al amor (Motor y motivo, Me enamoré de ti y qué, el embrujo). Pero el giro es realmente abrumador: cuando se ama, se ama bien. Cuando se pierde un amor, no se permite sufrir sin salvar la dignidad. A fin de cuentas, en el dolor, hermanos, así que ni siquiera sería posible sufrir solo o que “Levante la mano quien no lloró un amor“.

Ahora me rio de ti / Tendria que llorar por ti / Pero no ve estoy riendo de ti”

Y hoy te vas, te vas, te vas, te vas / Pero se que por algo me has de recordar / Quizás con el, me has de comparar / No creo ser mejor, fui diferente nada más”

Cholegas, ¿no es increíble cuánto nos dice nuestra choledad musical sobre la manera como vivimos el triunfo y la derrota? La cumbia nos está diciendo más cosas que las que cantamos y bailamos hasta las 6 de la mañana.

PISHTACOS!!!!!111

23 Noviembre de 2009

Por Marco Sifuentes

Perú 21

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Un jueves cualquiera, Zavalita, amanecimos todos con la noticia del año: la benemérita Policía Nacional del Perú, tras una paciente investigación, había capturado a una banda apodada “Los Pishtacos del Huallaga”. Logro histórico por donde se le mire, algo así como si la Policía Federal de México detuviera a Los Chupacabras de Veracruz o Scotland Yard aprehendiera al Monstruo del Lago Ness.
 
El caso sería gracioso si no fuera angustiante. ¿Con qué seriedad vamos a tomar a partir de ahora las investigaciones de la Policía? Porque una cosa es ver a Bayly poseido por Miriam Fefer de la mano de Rosita Chú y otra -se supone- es escuchar al general PNP Eusebio Félix Murga. Este señor, que resulta ser nada menos que jefe de la Dirincri -es decir, la inagotable fuente de los casos Feffer, Abencia et al.- dio este jueves una estrambótica conferencia de prensa para anunciar al mundo la captura de los responsables de 60 asesinatos cometidos a lo largo de treinta años.
 
El problema está en que, durante la conferencia y preguntado por cuántos de esos 60 asesinatos habían sido denunciados, el general Félix Murga tuvo que admitir que “en esa zona muchas personas no denuncian la desparición de familiares y allí nos estamos entrampando”. La Policía había encontrado un cadáver, lo que es grave, por supuesto, pero difícilmente evidencia de la masacre cinematográfica que vendió la Dinincri. “Por la cantidad de grasa que han indicado haber obtenido podemos indicar que han sido muchas las víctimas”. Ajá

Y no sólo eso. La supuesta organización criminal no tenía compradores para su contrabando. Era una mafia sin clientes. “Esta grasa, por el precio de 15 mil dólares, no estaba al alcance de cualquiera y probablemente, pues, haya una red internacional (…) indudablemente tiene que haber un comprador” balbuceó el general Fox Mulder. O sea, no tenían la más mínima pista de a quién le iban a vender la grasa que los Pishtacos transportaban dentro de unas botellas de Inca Kola de litro amontonadas en la maletera de un bus interprovincial.
(Lo peor de todo esto es que la Policía presenta a “Los Pishtacos del Huallaga” y todos nos concentramos en “los Pishtacos” y no en “el Huallaga”. Los campesinos capturados fueron detenidos en un laboratorio con anfo, fulminantes y droga y denunciados por la Fiscalía, también, por tráfico ilícito de drogas. Pero ésa no fue la noticia. Muy visto, ya.)
La mayor parte de la prensa picó el anzuelo (salvo, contra lo que esperaría el prejuicio, algunos periodistas de televisión) sin consultar siquiera a un estudiante de medicina. En cambio, la prensa internacional rebotó la noticia con furor, pero también con escepticismo. Le Monde, BBC, New York Times, no hubo medio internacional que no tocara el tema. Todos consultaron a médicos, los cuales, invariablemente dieron la misma respuesta: no existe tráfico de grasa humana, de qué están hablando estos peruanos. Por lo general, los comentarios de los internautas extranjeros eran invariablemente sarcásticos: “Finalmente el Club de la Pelea abrió una sucursal en Perú” fue uno de los mejores.
En las redes peruanas la reacción fue igual de escéptica (y, en muchos casos, demostraron estar mucho mejor informados que los periodistas, explicando el origen del mito, en el blog del Morsa hay una buena guía). Sin embargo, el viernes, el ministro del Interior Octavio Salazar insistió en la versión policial: “Parece increíble, pero es verdad”. ¿Es verdad qué? ¿Dónde están los contactos internacionales de los Pishtacos? ¿Dónde sus sesenta víctimas? ¿Sabe el ministro Salazar dónde demonios podemos cotizar nuestras panzas, por favor?
 
Al día siguiente, en RPP, el premier Velásquez Quesquén no tuvo otra opción que dar paso al sentido común, responsabilizar al ministro del Interior y admitir que esto creer en este operativo sería el equivalente “a la captura de Papá Noel”.
Si pensaban que lo del falso robo del pulmón había sido un roche para nuestro país, sólo tienen que entrar a Google y buscar “human fat” (grasa humana). Todos los resultados están vinculados al Perú y este fiasco. Envídianos, Chile.
imagen: Andrés Edery
P.S.: No se pierdan este reportaje de Prensa Libre ni el comentario editorial de Rosa María Palacios al final del vídeo.

Hola Choledad

La presentación del libro “Nos habíamos choleado tanto” de Jorge Bruce ha dado un nuevo aliento a la discusión sobre el racismo en nuestra sociedad.

En general el psicoanálisis no se había ocupado profundamente del tema y esta contribución llevó a organizar una mesa de debate en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Es tradición de esa institución convocar las llamadas “mesas verdes” sobre variados temas de nuestra sociedad, y esta fue quizás una de las más concurridas que ha organizado. El encuentro o desencuentro de los puntos de vista del sociólogo Martín Tanaka y del psiconalista Jorge Bruce alimentaron el debate promovido anteriormente por los diversos foros organizados alrededor de lo Cholo en el Perú, en la Biblioteca Nacional, discusión que ha continuado en la blogósfera peruana.

He aquí el informe preparado sobre nuestra choledad en el programa televisivo Presencia Cultural.

Informe: Iris Silva
Edición: Alfonso Tamariz
Entrevistados: Gonzalo Portocarrero, Nelson Manrique, Jorge Bruce, Martín Tanaka

Choledad, lo Cholo y el Racismo

Racismo y Discriminación en el Perú (Fuego Cruzado)

Lo Chicha. el Odio y el Perdón

Terapia necesaria contra un mal nacional que nos persigue 
eloy jauregui-lo chicha,el odio y el perdon
Por Eloy Jáuregui

Ilave o Bagua, el aborto o el pulmón. Camisea o Antamina. Gamarra o Saga. Así, el péndulo es peruano. En el medio, la violencia. Sendero o Grupo Colina. El policial o el faenón. Pero también un libro cervical. “El odio y el perdón en el Perú. Siglos XVI al XXI. (PUCP, 2009, 356 pp.). Necesario para conocernos y comunicarnos y tocarnos. Eso antes que “Faith No More” o “Metallica”. Que el benchmark o la asociatividad. Que Abencia  o La Tigresa del Oriente. Que Burguer King, McDonald’s, Norkys o Rockys. El libro, la tinta, el retrato de un país dinamitado.

La historiadora Claudia Rosas Lauro articuló este libro con las investigaciones que se presentaron en las mesas de «Odio y perdón en la historia del Perú» del XXVI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, organizado por la Federación Psicoanalítica de América Latina realizado en Lima a finales del 2006. El texto se erige alrededor de cuatro momentos históricos y aún sin respuestas: la Conquista, la Independencia, la Guerra con Chile y la violencia política de los últimos veinte años.

El concepto transdisciplinario y trasversal es explorar la historia de los sentimientos, que es parte de la historia de las mentalidades en el país y que simplemente no se toca –esa herida supurante– y otorgar la importancia necesaria a estos reconcomios asociados a la violencia y a los conflictos sociales. ¿Entran las barras bravas? Sí. ¿La violencia familiar frente a las mujeres? También. ¿El acoso sexual contra las secretarias? Por supuesto. ¿Y el achoramiento colectivo? Mucho más. Es violencia atávica. Antes y con la llegada de los españoles. Porque las sociedades prehispánicas no eran precisamente pacíficas. Es ardimiento longevo y visceral. Cuentas por saldar. Rencores que no se calman. Furia que no encuentra sosiego. Y se lee en sus páginas: “El odio es un sentimiento central en la historia. Una pasión destructiva y de ruptura que se orienta a la eliminación –real o simbólica– del objeto odiado, que incluso busca ir más allá de su destrucción física para suprimir su memoria”. 

Pero el libro mira su espejo. El perdón y la reconciliación. Y esto es más complejo. Los analistas, pareciese, son diestros en el tema del odio, no así en el aspecto de la tolerancia. Es fácil odiar, qué jodido es perdonar. Se nota así, en la mayoría de textos, que pesa más el conflicto, la violencia y los hervores. Que frente al análisis de afabilidad y la contención se toca irremediablemente los lastres que nos llegan de antiguo. Y eso es evidente con lo que ocurre con la CVR. Los últimos veinte años de violencia política mantienen latentes el apasionamiento por la intimidación y los bolsones del terror contenido. No creo que exista otra manera de ser armoniosos y existir en la mesura. Y precisamente, este fusionado de ensayos del libro, propone engarzar los nexos entre justicia, perdón y reconciliación en una sociedad profundamente fragmentada como la peruana. El psicoanalista Moisés Lemlij, en el prólogo, advierte que este odio nacional se traduce en envidia, rabia, irritación, cólera, resentimiento y venganza. Un odio que busca la eliminación física con sufrimiento. El Perú, sin duda, y su historia vista desde la psicología clínica.

Cuando Los Cholos se Rebelaron

“Hace 41 años se alzaron los cholos” 

 

 

 

juan velasco-reforma  agraria

 

Las huellas profundas que han dejado en la sociedad las reformas emprendidas hace cuatro décadas por el gobierno militar son analizadas aquí por el historiador Nelson Manrique.

Por Edmundo Cruz

Suplemento “Domingo” de La República

04 de octubre de 2009

 

¿Un retroceso o una revolución? ¿Qué fue el gobierno militar de Velasco Alvarado?

–Fue el proceso de cambios más importante de la República. De 1821 a 1865 habíamos tenido solo presidentes militares y a lo largo del siglo XX unos pocos civiles. Vivíamos en una sociedad oligárquica. El poder lo detentaba una oligarquía asentada en la tierra. Las finanzas iban asociadas a terratenientes y gamonales del interior. En América Latina se aceptaba que cualquier cambio profundo en un país de la región pasaba por una revolución antioligárquica.

–¿Esa revolución llegó tarde a Perú?

–Definitivamente. Grupos revolucionarios populistas la llevaron a cabo en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Lázaro Cárdenas en México, el MNR en Bolivia, Aguirre Cerda en Chile. En el Perú esas fuerzas fueron tempranamente derrotadas. El Partido Socialista con la muerte de Mariátegui y la corriente ultraizquierdista del Partido Comunista que lo aisló y lo marginó. El Apra fue batida en la guerra civil del 32-33 y en la clandestinidad del 30 al 56. Campeaba el militarismo cerrado a la crítica, a la disidencia, al pensamiento libre y la transformación.

–¿Cómo así ese vacío lo intentó cubrir una dictadura militar?

–El gobierno de Velasco fue una dictadura militar atípica. Se preparó en los años 40 y 50. En 1940 éramos un país eminentemente serrano e indígena. El 67 por ciento de los 7 millones de peruanos vivíamos en la sierra. En ese momento se produjo una ruptura en la relación hombre-tierra. Quiero decir que la tierra agrícola existente ya no era suficiente, no alcanzaba.

–Habla de ruptura, ¿por qué?

–Porque la falta de tierras tuvo dos grandes impactos. Millones de personas abandonaron el campo, la tierra, y emigraron a las ciudades, a la costa, invadieron terrenos y formaron barriadas. Mientras, los que se quedaron en el campo desataron el más grande movimiento de toma de tierras entre el 56 y el 64, algo que no se veía desde los tiempos de Túpac Amaru. La reforma agraria de Velasco culminó ese proceso, pero ya las movilizaciones anteriores habían herido de muerte al latifundio.

Los militares pedían cambios

Recuerdo que había consenso sobre la necesidad de los cambios.

–Sí, fue extraordinario, con excepción de la oligarquía todo el mundo los pedía. En 1958, vino la Misión Lebret (del dominico francés Joseph Lebret) y planteó la necesidad de una reforma del agro y del Estado, y de cambios estructurales profundos. La Democracia Cristiana fundada en 1956 bajo el padrinazgo de Bustamante y Rivero demandó lo mismo. Haya de la Torre se alió con Manuel Prado y poco más tarde con Manuel Odría. El espacio del centro dejado por el Apra al correrse  a la derecha y aliarse con la oligarquía fue cubierto por los nuevos partidos de clase media todos los cuales exigían cambios: Acción Popular, Democracia Cristiana, Movimiento Social Progresista. Hasta los militares, con el CAEM (Centro de Altos Estudios Militares) como laboratorio de gestión gubernamental, concluyeron que la seguridad nacional e internacional tenía como prerrequisito la integración y esta era imposible sin desarrollo.

En 1962, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas cuestionó la permanencia de la IPC (Internacional Petroleum Company) en La Brea y Pariñas.

–No solo eso. Hicieron la reforma agraria en el valle de La Convención y Lares y crearon el Instituto Nacional de Planificación. Pasó desapercibido, pero es claro que apuntaban no a un golpe de estado clásico, sino a un gobierno institucional de la Fuerza Armada que llevara a cabo reformas estructurales.Responsabilidad del Apra

–¿Por qué los partidos fueron incapaces de hacer esas reformas democráticas?
–En eso el Apra tiene una responsabilidad grande. Julio Cotler menciona la pregunta que le hizo a Haya de la Torre: ¿Por qué usted se alió con la oligarquía en lugar de hacer la revolución? Haya le respondió: Porque tuve un error de apreciación, pensé que la oligarquía era más fuerte. Asumiendo que era muy fuerte creyó que había que ser aceptable con ella. Increíble, en 1963, el Apra llevó en sus listas a los candidatos del Movimiento Democrático Peruano, el partido del banquero Manuel Prado, y en el Parlamento se alió con la Unión Nacional Odriísta. Es conocido también el encuentro de Haya de la Torre con Juan Gonzalo Rose en un coctel. Rose había sido aprista y fue perseguido. Haya lo reconoció y le dijo: “Usted fue aprista”.  Rose le contestó: “Usted también”.

 –Tampoco los partidos de izquierda cumplieron su papel…

–Es que eran partidos muy pequeños. El Partido Comunista estaba desprestigiado por su alianza con la oligarquía financiera (régimen de Manuel Prado) y su actitud contemplativa con el dictador Manuel Odría. El Movimiento Social Progresista contaba con excelentes intelectuales como los hermanos Salazar Bondy y profesionales promotores del Instituto de Estudios Peruanos, pero no tenía arraigo. Las organizaciones partidarias de la revolución armada, el MIR y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), montaron guerrillas pero fueron aplastadas rápidamente en 1965.

–Se dice que esas experiencias dejaron huella en la oficialidad.

–Cierto. Poco después Velasco Alvarado reconoció en un discurso que cuando salieron a reprimir a las guerrillas aplastaron a los guerrilleros pero se dieron cuenta de que estos tenían razón en términos de que la situación del país era insostenible y que los cambios eran necesarios. También en una entrevista concedida a César Hildebrandt, Velasco respondió que en el Perú era necesario hacer una revolución desde arriba para que no estallara la revolución desde abajo.

Sendero y la reforma agraria

–Pero estalló Sendero Luminoso en 1980. ¿Qué hubiera pasado si Velasco no hubiera emprendido la reforma agraria?

–Con todas sus imperfecciones y defectos, el hecho de que en 1969 Velasco emprendiera una reforma agraria radical, le quitó base social a Sendero Luminoso. Creo que Sendero habría sido prácticamente incontrolable si no se hubiese hecho esa reforma agraria. Esa reforma agraria fue un elemento fundamental para que Sendero Luminoso no avanzara más allá de donde llegó. ¿Qué hace Sendero? ¿Intenta proseguir la reforma agraria incompleta bloqueada por la burocracia estatal? No. Sendero no quiere hacer una reforma agraria campesina democrática. Sendero más bien quiere convertirla en una guerra popular.  

A la luz del tiempo, ¿como analiza la nacionalización y estatización de los recursos estratégicos?

–Hay que poner esas medidas en el contexto de su época. Vistas con los ojos de hoy fue un tremendo error la estatización de todo, pero vale recordar que esa era la receta promovida en América Latina no solo por los partidos de izquierda, sino por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina, organismo regional de la ONU). La industrialización, las nacionalizaciones, la estatizaciones de los recursos estratégicos, la acumulación desde el Estado, esa era la receta clásica. Fue un error, pero fue un error que corresponde a su época.El fantasma actual del racismo–La reforma de la empresa mediante la creación de las comunidades laborales fue una reforma singular del velasquismo.

–Cierto, las comunidades industrial, minera, pesquera, fueron una novedad, un intento de conciliación de clases, la ilusión de dar participación a los trabajadores en la gestión y en las utilidades. Carlos Delgado decía: cuando los trabajadores lleguen al 50 por ciento del capital el capitalismo habrá desaparecido porque la empresa ya no es de los capitalistas sino de los trabajadores. No es así y el fracaso de esto tiene que ver no solo con razones económicas sino étnicas.

–¿Cómo étnicas?

–Carmen Rosa Balbi, en una excelente investigación, entrevistó a muchos empresarios y encontró que se negaban a sentarse a discutir con los trabajadores no tanto por las reivindicaciones económicas sino porque suponía el trato con los cholos. No podían tratarlos en condiciones de igualdad. Para ellos era intolerable que esta gente estuviera en los directorios de las empresas. Creo que por esto Velasco se convirtió en la bestia negra de la burguesía.–¿No eran reformas que afectaban el capital?

–Velasco trató de crear un capitalismo nacional, los Romero, Raffo, Brescia, prosperaron y se desarrollaron. Drasinower, Moraveco eran engreídos de la junta militar de gobierno. Velasco no era antiburgués, pero, como dirían nuestras abuelitas, con Velasco la gente se olvidó cuál era su lugar. Se alzaron los cholos.Perfil
• Nombre:Nelson Saúl Manrique Gálvez.
• Lugar y fecha de nacimiento:Huancayo, 31 de diciembre de 1947.
• Estudios: Universidad Agraria La Molina.
• Grados: Doctor en Historia y Civilización, en la École de Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, 1988. Magíster en Sociología, en la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1979.
• Publicaciones: Autor de una veintena de libros, más de un centenar de ensayos en revistas académicas nacionales y extranjeras sobre historia social, cultura, violencia política, nuevas tecnologías de la comunicación y la sociedad de la información. Actualmente tiene en prensa un libro titulado “Usted fue aprista”. Bases para una historia crítica del Apra.
• Profesión: Sociólogo, historiador y periodista. Docente universitario. Profesor principal de la Pontifica Universidad Católica del Perú. Profesor visitante en diversas universidades de América y Europa. Autor de una columna de opinión semanal en el diario “La República”.

EL MITO DE QUE VELASCO ARRUINÓ EL AGRO

El argumento de que la Reforma Agraria de Velasco Alvarado arruinó el agro peruano y que éste era una maravilla al momento que se dictó la ley, es un mito. Es lo que sostiene Nelson Manrique en su libro “Usted fue aprista”, próximo a aparecer. No es un decir. El autor rescata cifras oficiales y contundentes sobre rangos económicos básicos.

EXPORTACIONES

Los detractores de la reforma agraria afirman que ésta trajo abajo las exportaciones de productos agropecuarios. Las estadísticas oficiales indican lo contrario.
Entre 1955 y 1969 la exportación de productos agropecuarios bajó de 45.1 millones de dólares a 16.3 millones. Las exportaciones se habían reducido a la tercera parte antes de la reforma y no después.
En ese mismo periodo las exportaciones en general crecieron, pero ese crecimiento no lo alimentó el agro, sino las exportaciones pesqueras que subieron de 4.7 a 25.6 millones de dólares, y las mineras de 45 a 55 millones de dólares.

 

 

“Cabronadas”

César Hildebrandt

HUMALA Y EL IDIOMA

La Primera, 25 de septiembre de 2009

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El primer problema del comandante Ollanta Humala es el nivel de sus asesores. El segundo es el idioma.

Porque en vez de gritarle “cabrones” a Fujimori y a García hubiera podido apelar, en el caso de Alberto Fujimori para empezar, a una retahíla de justas aproximaciones.

Es cierto que la complejidad criminal de Fujimori no se resigna a caber en un solo término. Pero Humala hubiera podido escoger de un hangar lexical calificativos pálidos como estos:

Traidor, felón, cobarde, criminal, facineroso, asaltante, malhechor, asesino mediato, delincuente, micrococo, ignorante, ruin, roñoso, mezquino, miserable, sórdido, abusivo, machista, laurobózico, raulromérico, mónico-déltico, nicolás-lucárico, álamopérezlunático, artero, malicioso, ladino, pícaro, lagarto, patán, descarriado, odioso, aborrecible, despótico, mendaz, incompetente, ordinario, avezado, canalcuátrico, pepeoláyico, bressánico, sanguijuela, histrión, embustero, falsario, betocúrico, abominado, repugnante, espichánico, blanconélido, atroz, desventurado, perturbado, faisálico, amante de lo ajeno, martachávico…

Y así por el estilo.

Y en cuanto al doctor Alan García, es cierto que sus matices son menos numerosos pero es también indiscutible que el vocabulario del castellano, auxiliado en este caso por neologismos de peruana inspiración, alcanza para aludirlo. He aquí algunos modestos ejemplos:

Judas, ingrato, olvidadizo, mentiroso, incumplido, presumido, demagogo, farsante, fugitivo, irresponsable, huido, maletero, derechista a traición y granminero, chino por adopción, chileno por si acaso, cebado, hueco, anético, búfalo que quiso ser alado, supermercado, atroz, cursi, expendido, conchudo y licitado, prescrito, impune, sobreseído, sustractor, valiente con los pobres, alvacástrico, frontónico, cayárico, accomárquico, luisnávico, prialesco, offchórico, mantíllico, arrendado, altanero, cipriánico, giampiétrico, alexcúrico, embaucador, amaestrado, dionisiaco-romérico, malévolo, dudoso, parisino, declamatorio, hinchado, odriista, fukuyámico, beltranudo, incongruente, historietero, pretérito, negado, recursero, efímero, ámbar y pedigüeño…

Y así por el estilo.

Porque eso de llamar “cabrón” a quien es –duela a quien le duela- presidente de la República es como un andahuaylazo de lengua. Y aparte de ensuciar y de afear la atmósfera, expone al desaforado a que le digan “cachaco mediocre”.

No interesa que quien diga eso de “cachaco mediocre” haya servido a más de un cachaco mediocre y a civiles que actuaban como cachacos no sólo mediocres sino también rateros.

Lo que Humala necesita es un nuevo asesor. Y un diccionario para repasar de vez en cuando. Y un poco de largo plazo. Y más ideas que adjetivos.

El “auquénido de Harvard”

Nov 29 2008
Por: Juan Manuel Robles

Blog Bye Bye Perú

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Lourdes Flores y la boquita de su papá

A veces la televisión es alta sociología y dice más de nosotros que una conversa chelera entre Julio Cotler y Nelson Manrique. Son momentos de honestidad brutal que debemos atesorar en el recuerdo como auténticas joyas. Una de esas páginas de la vida tuvo lugar la mañana del 26 de marzo de 2001, cuando la candidata Lourdes Flores apareció con su señor padre, César Flores, en las pantallas del 5. A los políticos no les gusta que los investiguen pero sí les gusta la tele: hace tiempo descubrieron las propiedades milagrosas de un enlace microondas bien negociado con algún canal amigo. Dada su apariencia espontánea, la microondas con cámara a domicilio es la mejor vía para infundir en las masas esa ilusión del político como hombre común, o sea, el padre de familia ejemplar que desayuna tamales o la mujer exitosa que departe con su papito: armonía familiar en estado puro, risitas. Todo iba conforme a lo planeado, Lourdes habló con fluidez y dijo lo suyo. Pero los planes se arruinaron cuando papá decidió abrir la boca: “No voy a hablar del auquénido de Harvard”, soltó refiriéndose a Alejandro Toledo. Y después dicen que la película “Dioses” es exagerada.

Panamericana es Panamericana, un canalazo, pero una microondas es una microondas: nadie puede ir contra la transparencia inexorable de los acontecimientos en vivo. Así que no hubo nada que hacer, lo dicho estaba dicho. Lourdes, cuyo finísimo sentido común ha sido injustamente puesto en duda más de una vez, olfateó el peligro y quiso evitar lo inevitable. Puso la nerviosa mano sobre su progenitor y le dijo “ya, papi, ya”. Lulú parecía una adolescente a quien su padre avergüenza frente a todas sus amigas del colegio. “Ya, paaaa”, insistía Lulú y hasta le dio un beso en el cachete.

Auquénido. 1. m. Bol. y Perú. Denominación popularizada de los Camélidos de los Andes meridionales, cuyas cuatro especies son la llama, la alpaca, el guanaco y la vicuña.

Se desconoce a cuál de las cuatro especies se refería Mr. César Flores. Lo cierto es que cuando dijo “auquénido de Harvard”, para todos fue muy claro lo que quiso decir: “Odio que este cholo de mierda que se las da de economista y doctor le gane en las encuestas a mi hijita cuando debería estar limpiando mi piscina”. El agravante: el que podía ser Primer Progenitor de la patria había despreciado la apariencia física más frecuente en el país, la que tenemos casi todos y la que nos caracteriza como peruanos en el mundo. Auquénido. Cara de huaco. Guanaco. ¿Les suena familiar? Más de cien años de lucha por la igualdad ciudadana y el fin del racismo se iban por el desagüe de una residencia que, como nunca, parecía un agujero negro en la tumultuosa galaxia de la Realidad Nacional. Y ese, justamente ese, era el entorno en que la candidata Lourdes Flores Nano había crecido, en el que había dado sus primeros pasos, en donde había aprendido a decir “papá”.

Lo peor: Lourdes no se indignó ni estalló ni hizo callar a su padre. No actuó como lo hubiera hecho cualquier peruano mínimamente educado en la doctrina universal de la tolerancia. Más bien se reía nerviosamente. Se preocupaba por el evidente roche que está haciendo, por las posibles portadas del día siguiente, pero no parecía indignarla que su padre perpetúe las reglas de dominación que nuestra propia sociedad se está encargando de quebrar.

En los días siguientes, pasó lo que tenía que pasar. A la piscina de Lourdes le cayó el huaico.

La prensa deploró las declaraciones del señor Flores “Es una metida de pata que bien merece unas disculpas públicas”, dijo Mirko Lauer en La República. “Hay que deplorar el racismo que hace que don César Flores, el cavernario padre de Lourdes, llame a Toledo “el auquénido de Harvard””, escribió Fernando Vivas en Caretas. Hubo protestas ciudadanas. Durante el mitin que Lourdes dio en Huancayo al día siguiente del “piscinazo”, una muchedumbre apareció con pancartas que decían: “Lourdes, los auquénidos de Huancayo te repudian”. El tema se puso de moda: hasta se publicaron artículos reivindicando la gran admiración que en todo el mundo existe por los camélidos sudamericanos.

Pero lo peor para Lourdes estaba por venir. A pesar de que le pidió disculpas públicas a Toledo por lo que llamó mansamente “expresiones fuera de tono de mi padre”, mucha gente entendió claramente el mensaje: el señor Flores era racista. El incidente le provocó un bajón en las encuestas. El nuevo Herald lo resumió así: “La abogada conservadora Lourdes Flores ha visto frenar las intenciones de votos a su favor desde que su padre entró al juego racial y calificó de “auquénido [camélido] de Harvard” a Toledo por su apariencia andina y sus estudios universitarios en Estados Unidos”.

Lo más triste es que para muchos Lourdes había demostrado ser, de lejos, la candidata más honesta en una elección a la que postularon un padre en fuga y cierto charlatán llegado desde el exilio francés. Pero qué se le hace: Lourdes perdió el paso a la segunda vuelta por un margen tan estrecho que es perfectamente posible atribuir su fracaso a las declaraciones de su padre. Como pocas veces, un instante de la televisión decidió el curso final de unas justas electorales y nos recordó con crudeza que somos un país triste, con serios conflictos de identidad: un lugar donde la marginación se ve incluso en algo tan trivial como las discotecas de moda (donde a un gorila le pagan para no dejarte entrar si eres muy “auquénido”). Puesto número 12: Lourdes Flores y la boquita de su papá.

Evo es Peruanazo

Evo Morales, el presidente boliviano (bolivariano por hacerle la patería a su gemelo ideológico Chávez), no descansa en atizar el enfrentamiento con el Perú por quítame esta paja. Y por temas tan etéreos y banales como la propiedad del ekeko o la cuna del baile “la diablada”.Pero, como quien dice, por sus facciones lo definiréis. Y Evo es perucho (descendiente de los antiguos peruanos por antonomasia) por sus cuatro costados. Su perfil, su rostro y hasta su pelo es cobrizamente autóctono del Perú. Así que, ¿por qué tanta pica contenida contra nuestros connacionales cada vez que abre su linda boquita para referirse al Perú?
Marco Sifuentes del blog
Utero.pe realizó en diciembre del año pasado una encuesta en las calles con el objetivo que los transeúntes identifiquen, de un grupo de fotografías, a quién perciben a primera vista como peruano auténtico. La sorpresa fue el apabullante consenso que la gente tiene al reconocer al poco simpático presidente boliviano como auténticamente peruano.