Terapia necesaria contra un mal nacional que nos persigue

Por Eloy Jáuregui
Ilave o Bagua, el aborto o el pulmón. Camisea o Antamina. Gamarra o Saga. Así, el péndulo es peruano. En el medio, la violencia. Sendero o Grupo Colina. El policial o el faenón. Pero también un libro cervical. “El odio y el perdón en el Perú. Siglos XVI al XXI. (PUCP, 2009, 356 pp.). Necesario para conocernos y comunicarnos y tocarnos. Eso antes que “Faith No More” o “Metallica”. Que el benchmark o la asociatividad. Que Abencia o La Tigresa del Oriente. Que Burguer King, McDonald’s, Norkys o Rockys. El libro, la tinta, el retrato de un país dinamitado.
La historiadora Claudia Rosas Lauro articuló este libro con las investigaciones que se presentaron en las mesas de «Odio y perdón en la historia del Perú» del XXVI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, organizado por la Federación Psicoanalítica de América Latina realizado en Lima a finales del 2006. El texto se erige alrededor de cuatro momentos históricos y aún sin respuestas: la Conquista, la Independencia, la Guerra con Chile y la violencia política de los últimos veinte años.
El concepto transdisciplinario y trasversal es explorar la historia de los sentimientos, que es parte de la historia de las mentalidades en el país y que simplemente no se toca –esa herida supurante– y otorgar la importancia necesaria a estos reconcomios asociados a la violencia y a los conflictos sociales. ¿Entran las barras bravas? Sí. ¿La violencia familiar frente a las mujeres? También. ¿El acoso sexual contra las secretarias? Por supuesto. ¿Y el achoramiento colectivo? Mucho más. Es violencia atávica. Antes y con la llegada de los españoles. Porque las sociedades prehispánicas no eran precisamente pacíficas. Es ardimiento longevo y visceral. Cuentas por saldar. Rencores que no se calman. Furia que no encuentra sosiego. Y se lee en sus páginas: “El odio es un sentimiento central en la historia. Una pasión destructiva y de ruptura que se orienta a la eliminación –real o simbólica– del objeto odiado, que incluso busca ir más allá de su destrucción física para suprimir su memoria”.
Pero el libro mira su espejo. El perdón y la reconciliación. Y esto es más complejo. Los analistas, pareciese, son diestros en el tema del odio, no así en el aspecto de la tolerancia. Es fácil odiar, qué jodido es perdonar. Se nota así, en la mayoría de textos, que pesa más el conflicto, la violencia y los hervores. Que frente al análisis de afabilidad y la contención se toca irremediablemente los lastres que nos llegan de antiguo. Y eso es evidente con lo que ocurre con la CVR. Los últimos veinte años de violencia política mantienen latentes el apasionamiento por la intimidación y los bolsones del terror contenido. No creo que exista otra manera de ser armoniosos y existir en la mesura. Y precisamente, este fusionado de ensayos del libro, propone engarzar los nexos entre justicia, perdón y reconciliación en una sociedad profundamente fragmentada como la peruana. El psicoanalista Moisés Lemlij, en el prólogo, advierte que este odio nacional se traduce en envidia, rabia, irritación, cólera, resentimiento y venganza. Un odio que busca la eliminación física con sufrimiento. El Perú, sin duda, y su historia vista desde la psicología clínica.
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