El poder de los sueños

Extraído de La República

Dom, 13/06/2010

Por Jorge Bruce

En la edición del sábado 12 de junio del diario El Comercio se publica un anuncio publicitario de tres cuartos de página, promoviendo un nuevo modelo Honda. El anuncio de marras dice, textualmente: “Un policía detrás de una camioneta: te está deteniendo. Detrás de una Pilot Touring: te está escoltando.” Y en la imagen se ve la mitad delantera de una moto policial, tras el vehículo aludido. Al pie de página, el mensaje añade: “Nueva Pilot Touring 2011. Te hace sentir más.” Al final explica: “Solo basta mirarla para sentir su poder”.

Lo que yo sentí es lo desfasados que se encuentran muchos publicistas de nuestro medio (no figura la agencia responsable del anuncio). Porque, ¿qué se puede inferir de esa comunicación? Para comenzar, que los policías peruanos o te persiguen o te escoltan. Vale decir, depende de quién seas. Es como el viejo chiste racista que pregunta la diferencia entre un cholo o un negro que corre, y un blanco que hace lo mismo. Los dos primeros son choros mientras que el segundo hace jogging. En inglés, por supuesto, tal como figura en el anuncio: Honda, The Power of Dreams, que da título, traducido, a esta nota. Podría argumentarse que es un eslogan internacional de la marca, que debe figurar por contrato en inglés. El problema es que en el mismo recuadro se invita a los potenciales consumidores a solicitar un ‘test drive’ (prueba de manejo).

Por donde se le mire, estamos ante un despliegue de alienación saturada de inconsciencia y autosatisfacción. Lo interesante es el retrato del imaginario dominante en ciertos sectores socioeconómicos, para los cuales la policía es su personal de servicio, aunque después se llenen la boca diciendo protegerlos de la arremetida de los enemigos del uniforme, que no son tanto los terroristas o los narcos como los defensores de los derechos humanos. Y para quienes el inglés es un idioma de prestigio y poderío, mientras que el español es el de los subordinados que manejan las motos.

Esta representación del poder –encarnado en una potente 4 x 4– va mucho más allá de un banal reclamo publicitario, y no se resuelve aludiendo al supuesto humor del mensaje o a una pretendida visión aspiracional. Lo que se refuerza es la imagen de una colectividad en donde el que puede, puede: para los demás está la ley. Cierto, esto es lo que ocurre en la práctica. La pregunta “¿sabes con quién estás hablando?” no ha perdido su vigencia, aunque no tenga la contundencia de antaño, en donde el encumbrado propietario amenazaba al “efectivo” con llamar a un general y mandarlo a Puno. Hoy tiene que coimearlo.

Por eso resulta relevante develar este imaginario incompatible con una democracia moderna. Necesitamos una policía respetable, no desmoralizada y corrupta: esa reforma clama por una voluntad política que no asoma. Pero también unas elites responsables y con un proyecto de sociedad que vea más allá de las montañas de billetes. Por último, Honda –tuve uno de segunda mano durante años y guardo un excelente recuerdo– requiere una publicidad más creativa e inclusiva, acorde con estos tiempos, y con más amor por la lengua de Antonio Cisneros, el reciente premio Pablo Neruda.

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